Seis de la mañana. Suena la alarma del Smartphone y deslizas la pantalla para que no vuelva a sonar. Te bañas y te arreglas frente al espejo. Combinas tu ropa meticulosamente, viertes tu café en un termo y manejas a la oficina para comenzar el día revisando correos en la computadora.

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Esta es la rutina posible de la mayor parte de la población. Y digo posible porque tienen una cosa que les permite hacerlo: el sentido de la vista. Para una persona con debilidad visual o pérdida total de la vista, es prácticamente un reto convivir en un mundo que no los incluye.

Este mercado representa el 1% de la población total en México, tal vez por eso sólo los que lo viven de cerca lo comprenden y buscan ser escuchados. Al ser una minoría, las marcas no han prestado atención a estas personas y el nicho de mercado se ha convertido en una gran oportunidad para algún emprendedor que se encargue de adaptar el mundo para ellos.

La tecnología ha convertido todo en touch y el colmo para los débiles visuales, que se apoyan fuertemente en el sentido del tacto, es que esta modalidad en lo que menos les ayuda es a TOCAR.

El shopper invidente le pide auxilio a gritos a las empresas. ¿Te imaginas por qué?

– Ninguna lavadora/secadora puede controlarse por alguien que no ve, pues las manivelas se giran hasta coincidir con los ciclos que vienen escritos en un costado de la perilla.

– Los microondas y ahora refrigeradores son digitales. Sin ver, no hay forma de saber lo que presionan.

– Los relojes son imposibles de leer. Los que hablan son incómodos si lo que se quiere es guardar discreción.

– ¿Medicamentos? Cómo saben cuál es el correcto si todos vienen en empaque similar.

– Las latas son complicadas. Todas son iguales y abrirlas es una sorpresa: puede ser una sopa, frijoles o salsa. Ni hablar de las fechas de caducidad.

– Tarjetas de débito, cajeros, chequeras: nada sencillo.
– La identificación de la ropa básicamente es recordando el color de cada prenda según la tela de la que está hecha. ¿El pantalón de lino que tengo? Ah sí, es blanco.

– La organización del hogar se vuelve estática. Que nadie mueva nada o estas personas no encontrarán las cosas jamás.

– No pueden ir de compras sin compañía y la experiencia es totalmente diferente, tanto para ellos como para su acompañante.

Y es aquí donde podemos entrar nosotros. Lograr algo nuevo es un reto para las marcas y un desafío para hacer un shopper marketing diferente, no sólo para invidentes, sino para recuperar el poder de los sentidos olvidados (tacto, olfato y oído) en una experiencia de punto de venta.

Invito a las marcas y agencias a trabajar en esto. Innovemos en la forma de transmitir mensajes y tendremos una comunicación con más intensidad que la visual. Si lo logramos, la recordación será más fuerte, seremos incluyentes con segmentos minoritarios, y sobre todo, nuestro visibility por naturaleza será disruptivo y sin competencia.

No hay necesidad de tener nuevas líneas de producción. Si se trabaja en adaptaciones para este mercado, tanto en productos como en servicios y puntos de venta, el negocio es adicional y representativo, además los beneficios se extienden a todos los que compartimos nuestra vida con este 1% de población.

¡Tenemos a la vista una gran oportunidad!

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