He tenido la fortuna de estudiar, no soy nerd ni mucho menos, pero disfruto bastante el aprender como un hábito, bajo ese postulado he sido alumno de escuelas públicas y privadas, mexicanas y extranjeras, católicas y laicas, prestigiadas y “chafas”.

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Es importante reconocer el valor de la academia en la vida laboral, lo veo desde los aspectos en los que me desenvuelvo, por ejemplo el ámbito gubernamental, plagado de perfiles por debajo del puesto, en el sector turístico, lleno de improvisación y falta de calidad, en la consultoría empresarial donde se trabaja aún con esquemas feudales.

La hipótesis de que la globalización ha transformado los métodos y programas educativos es más un supuesto que una realidad colectiva, la innovación como siempre esta al alcance de quienes pueden pagarla, las escuelas públicas trabajan bajo autonomías oligárquicas en donde la dirección y administración decide y los demás tienen una sola opción, la de obedecer.

Los intentos por modernizar la educación es una democracia dirigida, los hilos del lado público son movidos en el mismo sentido desde que tengo uso de razón, a la par debemos reconocer el esfuerzo por algunas universidades en nuestro país, a pesar de los incipientes recursos destinados a la educación superior, las licenciatura e ingenierías se han convertido en una posibilidad más cercana, sin embargo, un posgrado reduce sus porcentajes en la praxis. La educación privada se ha dejado ver más dinámica y con intereses de reivindicarse, sin embargo, después de varios diplomados y un par de maestrías, veo que el esfuerzo se queda corto para la exigencia de nuestros tiempos.

Los centros universitarios se han replanteado mejoras en el tema de duración, reduciendo sus programas, también en el contenido de los mismos, modificándolos a los aspectos globales, han entablado alianzas con otras universidades, han realizado convenios con empresas y gobiernos, han abierto nuevas carreras según la visibilidad demandante del mercado.

Todo lo anterior es el esfuerzo bueno o malo de los dueños, directivos y empleados de la educación universitaria, de manera gradual se han planteado mejoras, desde mi muy personal óptica es más circo que avance, al final lo que habla de una institución es la calidad de sus egresados.

Es ahí donde me di cuenta que el servicio social representa la prueba de fuego para la universidad, es el BTL puro, un adelanto de aquello que los sectores productivos obtendrán de los egresados, en el que muchas universidades desacreditan todo lo publicado vía ATL o superan las expectativas, pues es el contacto uno a uno, lo que crea una percepción más solida.

Las escuelas de formación superior deben poner especial énfasis en vincularse con “el mundo real”, de esta manera les facilitan el ingreso laboral a la abundante ola de egresados.

Concluyo con algunas mejoras que han surgido como respuesta al tema abordado:

1.- Creación de un departamento especifico de vinculación de estudiantes y las empresas.

2.- Capacitar por habilidades, pues en la práctica los estudiantes no saben ni armar una presentación o redactar un oficio.

3.- Presentar el servicio en los últimos grados de estudios.

4.- Destinar un semestre o cuatrimestre para el desarrollo de las practicas profesionales.

5.- Entablar alianzas estratégicas con dependencias de gobierno, instituciones académicas y empresas.

6.- Ligar la publicidad institucional con el servicio social, por ejemplo, la pauta televisiva incluye un día al joven que se desempeña en tal empresa.

Así como los hijos son el reflejo de los padres, los egresados somos la imagen más clara que las personas y empresas pueden hacerse de nuestra institución educativa.

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