La madurez del consumidor en el entorno digital obliga a las marcas a mejorar sus servicios digitales. La atención a este tipo de necesidades requiere de implementar innovación con el fin de agilizar procesos que antes costaba más tiempo, esfuerzo e, incluso, dinero para las empresas.

El código QR no es una tecnología nueva. Desde su creación en 1994 por la compañía Denso Wave, se ha convertido en una herramienta importante en el marketing de las marcas, al ser un elemento ágil, de respuesta rápida y cuya funcionalidad y características brindan una certeza al usuario.

En mercados desarrollados, los códigos QR son herramientas que forman parte de la comercialización de productos y servicios, ya sea como método de pago, información sobre el producto o para el desarrollo de un inventario, entre otros usos.

De acuerdo con datos de Statista, en el mercado estadounidense alrededor de 11 millones de hogares escanearán un código QR para 2020, cifra que registra un crecimiento con relación a los 9.76 millones que se registraron en 2018, y los 10.44 millones en 2019.

A diferencia de los Puntos de Venta (POS) tradicionales que actualmente seguimos encontrando en restaurantes de comida rápida o salas de cine, por mencionar algunos ejemplos, los códigos QR permiten que las transacciones sean más ágiles, un aspecto fundamental en la búsqueda de entregar una mejor experiencia al cliente.

Actualmente, Canadá, Indonesia, Malasia, Singapur, Hong Kong, Tailandia y Australia son mercados que utilizan ampliamente el uso de códigos QR para realizar todo tipo de transacciones. Sin embargo, se prevé que en economías en escala aumenten su participación en el uso de esta herramienta.

En China, el consumidor usualmente utiliza códigos QR para realizar pagos, obtener información, autenticarse y aprovechar ofertas.

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