Prácticamente una o dos veces por semana, entre los titulares de los medios (tanto nacionales como internacionales) surgen noticias sobre cómo algún gigante de la tecnología o alguna importante empresa de servicios no cuido adecuadamente los datos de sus clientes o sus usuarios o incluso que llegó a hacer un uso inadecuado de ellos. Quizá esto es una muestra clara de que si bien la tecnología ha avanzado de manera vertiginosa, los temas éticos relacionados con la utilización y almacenamiento de la información no han evolucionado en correlación con ésta.

En el caso de la mercadotecnia, este tema es coyuntural, específicamente en el campo del marketing directo, cuyo corazón son las bases de datos.

Un primer límite ético al momento de trabajar con información lo encontramos en la frase popular que dice “no hagas lo que no quieres que te hagan”. Estas palabras se pueden extrapolar al campo de la seguridad informática, de tal modo que queda de la seguiente manera: no hagas con los datos de los demás, lo que no quieres que hagan con tus datos. La autorregulación en las empresas es un principio sencillo pero elemental para evitar hacer mal uso de los datos que tenemos.

Sin embargo, mientras pasa el tiempo y surgen nuevas tecnologías (y sus respectivas aplicaciones), los problemas éticos relacionados con el manejo de la información no sólo se multiplican, sino que también se vuelven más complejos.

Con la finalidad de enfrentar dicha cantidad y complejidad de problemas, es necesario realizar un trabajo artículo entre distintos sectores de la sociedad, para, a través de una especie de contrato social, fijar qué es lo correcto y lo incorrecto en la utilización y el almacenamiento de los datos, para que, de este modo, las soluciones que se propongan sean mucho más integrales, más efectivas e inteligentes.

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