¿Qué es Monkey Mind y cómo domarlo para tener mejores ideas?

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El término Monkey Mind es empleado en el budismo y se refiere a ese estado mental lleno de pensamientos rumiantes que nos distraen del presente, de una concentración plena, indispensable para enfocarnos en una tarea específica.

Durante el día, cerca de 50 mil pensamientos cruzan nuestra mente, muchos de ellos sobre un mismo tema. Cada uno es una rama y nuestra mente es el mono que se columpia de un pensamiento a otro durante todo el día, incluso cuando nuestro trabajo requiere de un ejercicio de concentración para enfocarnos en una tarea importante como lo es el pensamiento estratégico.

El monje tibetano Mingyur Rinpoche ha popularizado el término en el mundo occidental y asegura que mediante la meditación cotidiana podemos eliminar todo ese ruido que nos impide estar en el presente y nos aleja del famoso estado de mindfulness, tan propicio para la concentración que requerimos al crear.

Por su parte, la escritora y budista Natalie Golderg, que imparte workshops de escritura, sugiere que el estado Monkey Mind es esa crítica interna que obstaculiza el fluir creativo y te paraliza. Golberg asegura que algunas veces es necesario un gran esfuerzo de autocontrol para poder erradicar dichos pensamientos para tener la mente clara.

Pero, ¿qué tiene todo esto que ver con nosotros y el marketing? En una anterior columna, había ya expuesto como nuestra materia prima son las ideas funcionales, incluso cuando no seamos parte del área o departamento creativo de una agencia, pues ejercemos el trabajo creativo no sólo para generar nuevas ideas o formas de comunicar, sino también para concebir ideas de negocio, nuevas estrategias de producción o ejecución que impliquen reducir costos, tener tiempos más eficientes o procesos con menor índice de errores.

Todo ello requiere de concentración, del enfoque necesario para ver el epicentro de un problema o necesidad y después su universo, es decir; su área de influencia. Para lograr vencer al famoso mono que corre por nuestro cerebro meneándose entre un pensamiento y otro, es necesario entrar en un estado de mindfulness o conciencia plena. Estar plenamente atento a lo que hacemos, tomando conciencia de nuestras emociones.

Para ello, no es necesario que practiques dos horas diarias o tengas que experimentar la meditación trascendental durante años. Simplemente, se trata de buscar espacios en tu día, de al menos 10 minutos por sesión y cero distracciones.

En dichos lapsos está prohibido consultar el teléfono celular para recibir llamadas, leer mensajes o correos e incluso, buscar información y cualquier otra distracción que llame de regreso al primate del cerebro. Es preciso enfocarse en el tema que requiere ser resuelto, tener una libreta y un bolígrafo a la mano para escribir todas aquellas ideas que vengan a la mente.

También necesitas seguir un camino, que deberá iniciar con el problema o el tema a meditar, para continuar el recorrido en nuestra mente visualizando los beneficios y desventajas que se tienen, mirarlos desde nuestra propia perspectiva y después, desde los zapatos de nuestros clientes o audiencia. Cuáles son sus obstáculos, cuáles sus atributos, qué puede cambiar sin que cambie su esencia, cómo evolucionará en el tiempo y finalmente, qué ganancia (no necesariamente económica) puede ofrecernos esa idea al implementarla.

Realiza este ejercicio primero en lapsos cortos y después un poco más largos. Es posible que tu cerebro esté más predispuesto al despertar o antes de entrar en profundo sueño. Incluso cuando estás al aire libre o mientras tomas una ducha. Notarás cada vez mejores resultados y una menta más enfocada.

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