Violencia vestida con piel de atención al cliente

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En colaboraciones anteriores he abordado temas como “lenguaje publicitario con inclusión”, “la normalización del acoso comercial” y “los chantajes de los clientes para las agencias”. En esta ocasión deseo compartirle 3 breves casos personales en donde la violencia esta presente, se manifiesta de diversas formas y termina por acorralarnos tanto a los clientes, como a los empleados y empresarios.

Le he advertido de los letreros que son “no tocar”, “bájele a la palanca”, “no tome más de uno”, en los establecimientos continuamente se pueden ver enunciados que agreden nuestra inteligencia, nuestra libertad y hasta nuestros sentimientos. Así como los letreros las prácticas negligentes, violentas y acosadoras están tan arraigadas en la vida diaria, que en muchas situaciones las permitimos.

Caso AT&T

Mamá acabó su plan de celular, marcaron a su casa y a su celular con una insistencia tal que era digna de una persecución. En todas las llamadas mi madre dijo que no deseaba hacer tramites por esa vía, que acudiría a una sucursal. Marcaban mañana, tarde y noche. Ante el éxito no obtenido terminaron mintiéndole para que renovara una línea con el pretexto de migrar su chip de Iusacell a AT&T, a lo cual terminó accediendo después de la ola de acoso telefónico y la falta de compresión total de concepto técnicos. Luego acudió a tienda para renovar su plan y ver los equipos, la sorpresa es que ellos habían tomando la decisión por ella, hicieron prácticamente lo que quisieron, en tienda esto tampoco se pudo resolver.

Caso Uber 

Con frecuencia empleo el servicio de Uber, hay una ubicación con la que suelo tener dificultades por que es un estacionamiento en sótano, por lo que les marco o mando mensajes a los conductores. La historia de terror sucedió al mandarle mensajes al chofer, mando 3 para ser muy claro, por la señal del sótano llegaron sólo 2 al conductor. Cuando me subí al vehículo ya me espera Hulk, juro por mi vida que creí que me iba a golpear de tan molesto que estaba, pues alegaba que si ya le había mandado mensaje, para qué le describía el lugar tan explícitamente. Durante todo el trayecto fue alegando con el tono agresivo, no sabía qué hacer, si bajarme o golpearlo. Terminé ignorándolo pues había perdido 2 uber antes porque no dieron con el lugar.

Caso Wizz

Cablecom cambió de nombre y ahora se llama así, el caso es una cancelación de servicio. Durante noviembre del 2018 no tuve 15 días señal, según ellos no hay reporte alguno que compruebe tal cosa. Cancelé el servicio, pero con su fusión les valí 3 cacahuates, por lo que me siguieron cobrando hasta febrero, ahí el calvario. Al igual que a mi madre, me marcaban mínimo 2 veces al día con tonos muy altaneros para decirme que tenía un monto pendiente, algo raro pues había reportado y cancelado con la anterior compañía. Tanto fue el acoso que acudí al mismo local pero con su nuevo letrero luminoso, pague lo que decían faltaba, pero tardé 5 días en poder cancelar, en oficinas te piden marcar, en su teléfono te piden ingresar a la página con una clave, total que es un verdadero rally para clientes sin quehacer.

La violencia se ejerce por falta de cultura de la denuncia, en todos los casos he realizado el reporte correspondiente. No debemos permitir conductas que nos vulneren, que nos reduzcan a hacer lo que las empresas digan (no somos sus títeres), han olvidado que trabajan para nosotros y que en la actualidad no solamente hay competencia, sino lo principal, hay derechos. Como mercas nos toca revisar que antes de una campaña ambiciosa de publicidad, las empresas estén libres de violentar a sus clientes (consumidores, empleados, proveedores, socios, sociedad) pues en los 3 casos anteriores se supone que el contacto proviene de dicha área.

 

 

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