Vivimos tiempos extraños, tiempos en los que el Covid-19 ha venido a probar y desafiar nuestros negocios y empresas, a nuestra sociedad y nuestro temple. Es en este panorama que he visto cómo muchos han crecido y cambiado la forma en la que hacían las cosas para adaptarse a la nueva realidad que nos plantea el mundo.

Algunos clientes me han preguntado qué se necesita para sortear mejor los efectos negativos que ha conllevado esta crisis sanitaria y, si bien ya he hablado aquí de una de las características esenciales para adaptarse (puedes leer esa columna aquí), no hablé de una que considero básica.

Pues si bien la flexibilidad es importante, no hablé de lo fundamental, de aquello que genera cambios, la cualidad que nos hace emprender, desafiar el futuro y trabajar ante la incertidumbre que se nos presenta día a día, la característica que debemos fomentar en nuestros equipos de trabajo para que se entreguen a su labor: la Esperanza

La esperanza mueve al mundo, lo ha hecho siempre, podemos atestiguar a través de la historia cómo la esperanza por una mejor vida transformó al mundo. Las grandes migraciones a territorios inexplorados, la creación de sociedades, movimientos independentistas y revoluciones sociales; la experimentación científica y los descubrimientos médicos, todos iniciaron con una pequeña esperanza. Hasta en la actualidad, los pequeños cambios y grandes esfuerzos que vemos, como un estudiante de escasos recursos que se levanta temprano para recorrer 50 kilómetros e ir a la escuela o el empresario que inicia un nuevo proyecto, ambos motivados por la esperanza, esperanza de que lo que hacen los hará mejores, de que les servirá para llegar a su objetivo o meta, y por ello se despiertan día tras día dispuestos a sortear los obstáculos que se les presentan.

Hay una escena en la novela de “Sandman” de Neil Gaiman, que me gusta mucho, y narra lo siguiente: El contexto, el eterno, señor de los sueños, Morpheo, fue capturado por un ritual por más de 70 años y fue despojado de sus 3 tesoros, mismos que ahora que se ha liberado, tiene que recuperar, ya que en ellos ha guardado gran parte de su poder. Uno de sus tesoros es un casco, mismo que se encuentra en posesión de un demonio por lo que Morpheo debe ir al infierno y recuperarlo; para hacerlo es desafiado por el demonio que posee el casco a una batalla de ingenio, en la que deben transformarse en algo superior y con capacidad para vencer al contrincante. La batalla comienza: el demonio se trasforma en un lobo, Morpheo se transforma en un cazador montado con una lanza para lobos, ahora, el demonio toma forma de una mosca pica caballos que arroja al cazador de la montura, Morpheo responde haciéndose una araña come moscas, la batalla continúa hasta que el demonio se transforma en anti-vida, el final de todo y entonces, Morpheo se transforma en esperanza… a esto el demonio ya no sabe en qué transformase y pierde el duelo. Le es devuelto su casco, pero antes de dejarlo ir, Lucifer le pregunta a Morpheo la razón para dejarlo marchar si no tiene poder alguno en el infierno, a lo que Morpheo responde preguntando a todos los demonios ¿Qué poder tendría el infierno si los que están condenados aquí no pudieran soñar con el cielo?

Me parece genial la forma en la que Neil expone la esencia de la esperanza, diciendo primero de forma sutil que no hay forma de vencerla y termina con fuerza diciendo que incluso aquellos que están condenados, guardan esperanza. ¡Vaya poder!

Por ello, si eres emprendedor, jefe o líder, debes ser una fuente de esperanza, transmitirla a tu equipo de trabajo, pues si bien son épocas difíciles, mientras tengamos esperanza, podremos regresar a trabajar, a transformar nuestro entorno, a ser mejores. Es tu trabajo encontrar esa fuente de esperanza y aferrarte a ella.

Hoy me toca decirte que todo estará bien, confía en el trabajo que haces, en la visión que tienes y en tus habilidades, pues te servirán para lograr tu objetivo, no te desanimes, ten esperanza.

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