Salvemos el mundo con marketing

Varios investigadores reconocidos en el medio ambiente aseguran que la catástrofe es inevitable, el marketing tiene un argumento más esperanzador.

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Hay muchos cadáveres en el clóset de la humanidad, algunos de ellos llevan la marca de nuestro sector. En el trayecto evolutivo del ser humano hemos logrado belleza, bienestar y perfección, para conseguirlo negociamos con los monstruos que como animales aún nos garantizan nuestro anclaje primitivo.

Ante el reconocimiento de las culpas que nos tocan, luego de repartirlas y buscar alternativas, vamos por un nuevo camino donde se atienden paradigmas transversales e incluyentes. Si bien es cierto que la hemos regado, la neta es que entre la solvencia de la rentabilidad, el mood eco y la responsabilidad genuina, nos hemos enfilado en una visión integral de cambiar el status en el que nos encontramos. 

El marketing siempre ha jugado un papel importante en la historia, lo ha hecho aún cuando no se le llamaba como tal, lo hace aún cuando le cambiemos el nombre en el presente o aún cuando en el futuro le olvidemos citar sus contribuciones. 

El poder químico del marketing es que funciona como una alquimia social, es un ingrediente para el cambio y por tanto para la adopción de nuevas conductas. El rigor al fabricar campañas, proyectos o sistemas, debe ser meticuloso y esmerado, pues estamos ante una operación social a corazón abierto. No se admiten distracciones, concepciones prehistóricas, ni ideologías ganar-perder. 

Cuando llegué al título de la colaboración, me acerqué a la idea central, en la cual la comunicación puede introducir una nueva pedagogía comunitaria. Esa nueva visión ‘Salvadora Iglesias’ tiene muchas ‘mamarrachadas’ que se dicen buenas intenciones, sin embargo, lo verdaderamente trascendente es que entre todas (buenas y malas), algunas tienen un fondo que privilegia la acción y no solamente el mensaje, el reflector, la tendencia en sí. 

¿Podemos salvar al mundo? Varios investigadores reconocidos a nivel mundial en diversas áreas del medio ambiente, aseguran que la catástrofe es inevitable, el marketing tiene un argumento más esperanzador, está postura se basa en que ante la eminente derrota no podemos quedarnos sentados/as, de brazos cruzados, viéndonos unos/as a otros/as como si fuese un domingo por la tarde en un pequeño pueblo mexicano donde se sacan las sillas a la puerta de la casa, sencillamente a ver cómo pasan los/as demás. 

Tal vez si debemos sacar las sillas y sentarnos a las afueras de las casas, pero para vernos unos a otros y dialogar los cambios que podemos hacer en nuestro día a día. Se que son cuestionadas las pequeñas acciones como la de evitar el popote y las bolsas de plástico, sin embargo, estas micro-cruzadas, son intensiones palpables, acciones que constituyen una conducta muy fácil de comprender y por tanto de realizar.

Reconozco que mientras estamos con el tema de la liberación de popotes y bolsas, existen miles de causas que se nos escapan, es por ello que también le deseo conferir el poder que merece el marketing, pues en todo su potencial, es digno manifestar que puede salvarnos, siempre y cuando le confiramos el espíritu transformador que merece.

Las empresas y personas, por lo menos en el discurso han incursionado en el lado green, por lo visto toca trabajar desde metodologías como el BCC para conseguir que la comunicación lleve directo a la acción y luego al feedback. El marketing es ese pariente al que le juzgamos tanto que desconfiamos de él, sin embargo, es ese familiar que va por nosotros cuando la llanta se poncha, cuando la quincena no ajusta, cuando no estamos y alguien saca a pasear a las mascotas. Es ese tío/ía que está dispuesto a ponerse en onda y cambiar sus formas de pensar y actuar, lo que espera, es muy básico, que le digamos cómo, que lo hagamos con el valor suficiente para hacerlo desde el corazón, es decir, con la paciencia que ameritan las cosas importantes. 

Hace días fui a una master class de yoga, la maestra Anabel Aguilera, cerraba la meditación con las siguientes reflexiones: ‘Haz a otros lo que deseas para ti’

‘Haz a otros lo que deseas para ti’

‘Lo que estamos cosechando hoy, es la semilla del pasado’

‘Tenemos que pasar del agradecimiento a la sentido de felicidad’

‘Meditemos no para cambiar nosotros, sino para cambiar el mundo, para lograrlo, iniciemos meditando nosotros’ 

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