Lo quiero todo, lo quiero ahora y lo quiero light

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El mundo publicitario siempre ha presentado un ambiente de una actividad frenética, sin embargo, en los últimos años, la información y la conectividad nos han sometido en una nueva dinámica, una en donde las agencias, consultores y freelancers, trabajamos 24/7.

Por lo visto hemos olvidado los horarios de oficina y la semana inglesa, intercambiamos los horarios por encomiendas, tareas o proyectos. En pro de la satisfacción de nuestros clientes nos encontramos insertos en un torbellino en donde la exigencia es quien dicta el ritmo, supeditando en ocasiones lo importante por lo urgente, la moda e improvisación en lugar de la estrategia.

Para precisar cómo es que se ha dado el cambio, es importante decir que la comunicación formal entre empresas, posee nuevos paradigmas. Primero,  las compañías se han restructurado en los últimos años, lo han hecho para ser más esbeltas y ligeras, con esta metamorfosis pagan a un empleado el sueldo de varios, asignan tareas y de cierta forma, evitan la falta de productividad (aunque a la par, generan un ambiente en exceso competitivo y estresante).

En segunda instancia, las organizaciones que han modificado sus estructuras y funciones, han desarrollado a sus vez, diferentes mecanismos de interacción para realizar las tareas. Se han generado plataformas en línea, sistemas de chateo interinstitucional, aplicaciones para capacitación, por citar algunas, además de la adopción de redes y aplicaciones comunes, integradas a la vida laboral.

Las dos variables anteriores, esbeltez, así como comunicación horizontal y tecnológica, se intersecta con las cargas y requerimientos que se les solicitan a las agencias. Las frases como “era para ayer”, “ni que fueran enchiladas”, “¿cómo van con eso?”, son el repertorio preferido en donde ahora no solamente se tiene que ser un profesional experto, sino que se tiene que estar disponible al 100%.

Resulta que los clientes se nos han subido a la cabeza, nos bailan y exigen, son verdaderos niños mimados, al parecer la generación a la par gestó empresas e instituciones que planean muy poco y se dedican a apagar incendios. Dicho sea de paso, la otra cara de la moneda es que existen agencias que viven desde la misma desorganización que las empresas que asesoran, tratan a los clientes como a ese hermano al que se agarran de puerquito y al momento de que les cuestionan la actividad, amenazan con hacer público alguno de lo secretos que conocen de la empresa.

Con el paso de los años te conviertes en lobo, te crece el colmillo, pero mientras eso sucede, tienes que vivir apurado por que las cosas no están concluidas y por las montañas de solicitudes que está por llegar. Les comparto 4 acciones para relajarse y relajar a los encantadores demandantes de sus horas:

  • Elabore estándares y procesos, si usted les entera por pasos lo que conlleva hacer algún herramienta, tiene un colchón para que le permitan trabajar sin estar presionando tanto.
  • Cobre más cuando el tiempo este contra reloj, así como un médico cobra más por visitas a deshoras o las domiciliarias, integre costos extras a los clientes que creen ser los únicos.
  • Conteste cuando usted tiene el tiempo de hacerlo, no cuando las personas lo tengan.
  • Haga respetar su trabajo haciendo entregas de calidad, bueno para empezar, haga entregas, nada respalda más la slow food que el momento en que se degusta (pero sin comida, no hay forma de validad que usted trabaja).

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