La política me apasiona a tal grado de irle concesionado con los años, mi hígado y algunos otros órganos. Dicen que se debe tener mucho temple para estar en ella, sin embargo, aún con el temple de Superman, se termina por cobrar facturas con calvas, ojeras y la formación de panzas chistosas.

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La política me sorprende cuando se ve en el filo del abismo, cuando se ve acorralada, encuentra un punto de quiebre, se toma de la mano de alguna idea que puede salvarla. Tal es el caso de lo que ha ocurrido en últimas fechas con las “grandes reformas”.

No quiero entrar en el debate de si son pertinentes, si comparto con ellas, si soy de algún color o sabor, lo que deseo es mostrarle cómo el BTL se introduce por todas partes, es el poder de reivindicación cuando la batalla se ve perdida, cuando la fe como una vela está por extinguirse.

Así sucedió, tomado de esa ejecución de compilar la voluntad de las personas a través de un papel, en una mezcla de pliego petitorio y eslogan, ahora le vemos reducido a una sola petición con la que se va como embajadora del Avon, casa por casa. Todos hemos firmado manifiestos, tales cartas al contar con nuestro aval, sustentan los titulares y letras chiquitas de las diversas causas que se anuncian y signan.

Las asociaciones civiles han recurrido a este precepto como su arma letal, son una fabrica de firmas, algunas las potencializan, otras las coleccionan y otras solamente las juntan y luego no saben si ponerlas debajo del colchón o prender el boiler con ellas.

Yo digo que nos pregunten, que nos aumenten el salario, que quiten a los pluris. Los partidos han visto en causas puntuales el bastión para recuperar la estima de los incrédulos ciudadanos.

Al principio los azules y tricolores mitificaron el esfuerzo de los partidos de izquierda, para ser precisos, el esfuerzo de los amarillos y naranjas, los desdeñaron por considerar el esfuerzo populista, a últimas fechas se les ve con su propia causa y versión.

Como instrumento de marketing político ha funcionado, es evidente que el motor político logra tener marcha con ese contacto “uno a uno” que el levantador de firmas sostiene con el ciudadano, es ahí donde la catarsis cobra ánimos, luego de unos dimes y diretes, se suelta o se niega la rúbrica. Los partidos han visto en la causas una fuente más cercana, han visto en el BTL un aliado en una versión de marketing directo.

En el tenor político, resulta una contradicción, comparto la idea de que seamos consultados en las grandes decisiones que se deben tomar, sin embargo, a la fecha contamos con un modelo que parte de la representatividad, aquellos que elegimos manifiestan la voz de un grupo, es ahí donde la puerca tuerce el rabo, pues vemos con tristeza, que los que dicen representarnos, no siempre lo hacen, pues ponen sus intereses por encima de los intereses de aquellos que los eligieron. En este párrafo entra la consulta, pero la consulta no sólo es ese acto de levantar firmas, pues también existen otros medios, lo que se subraya entonces, es el poder de que las consultas sean documentadas como “reality show” de supervivencia política.

Alguna mente brillante vio la oportunidad del BTL consultivo, una herramienta de divulgación personalizada, lo anterior son las razones para que se convirtieran en la moda política del 2014.

Por lo pronto yo estoy buscando colocarme como el columnista de su agrado, si cree conveniente que siga escribiendo, le pido lo manifieste con su firma al pie de las líneas que tan amablemente acaba de leer.

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