Quiero agradecer el apoyo del Maestro en Historia Christian Barraza Loera del COLSAN, quien se tomó el tiempo de leer mi columna y pulirla para ustedes. Amigo: te estimo y admiro.

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Me encontraba en la primera fila de la conferencia que dictaría la Dra. Consuelo Maquivar Maquivar en relación a las prohibiciones de la Santísima Trinidad en tiempos coloniales. La trayectoria de la doctora en lugar de llevarla al plano de lo indescifrable, la ha convertido en una traductora fiel y dinámica de la historia del arte, tal vez ahí el motivo de mi interés por comportarme como fan.

En medio de la ponencia, surgió un tema como nota al margen, una imagen de sus diapositivas me capturó, estuve el resto de la conferencia combatiendo entre la imagen y lo interesante que se discutía en tiempo real.

La fotografía era la imagen de la pila bautismal, donde por primera vez en Tlaxcala se tomaba la religión y la política como una nueva forma de vida ante la presencia de Hernán Cortés. Antes de continuar leyendo, imagine usted el hecho histórico, estamos ante un acto de verdadero carácter publicitario y por supuesto de implicaciones trascendentales para la vida de un país.

Laura Collin Harguindeguy del Centro Argentino Etnología Americana, escribió una tesis denominada “Identidad Nacional y Fronteras étnicas: la historia de la conquista según los Tlaxcaltecas” la que me parece obligatoria.

Quiero compartir uno de los párrafos iniciales para despertar el interés de leer el texto completo: “’Tlaxcala cuna de la nación’, rezan los carteles que reciben al visitante en el estado, al igual que las placas de los automóviles, la publicidad de un banco o las páginas Web del gobierno del Estado. El slogan hace referencia a una añeja polémica que enfrenta a los tlaxcaltecas con el resto de la nación: su estigmatización como traidores por su participación en la derrota de Tenochtitlán y por tanto en la conquista española.

Es cierto y evidente que sin la ayuda de los tlaxcaltecas la conquista de México Tenochtitlan no habría sido posible, pero a juicio de los tlaxcaltecas eso no los convierte en traidores”.

Estamos frente a uno de los hechos de mayor peso en el proceso de conquista, para algunos “Tlaxcala es la cuna del mestizaje”, mestizaje del que ahora nos sentimos muy orgullosos, tal y como lo relató el exgobernador de dicho estado Alfonso Sánchez Anaya en la presentación de un libro sobre historia local.

Así que estamos ante un hecho que registra varios puntos, por eso el título de mi colaboración. Quiero destacar que hubo luchas, no fue una negociación fácil, la historia nos cuenta la fuerza de los tlaxcaltecas y algunos de sus aliados indígenas, sin embargo, ante estos eventos, también vemos introducir la lógica del acuerdo de paz y la prevención por medio de la cooperatividad.

Es evidente que el acto de la foto anexa, constituye un despliegue publicitario, una activación evangélica, en medio de la conquista el armado tlaxcalteca de una guerrilla marketing en contra de Cholula, un desplegado político, un intercambio de dioses y doncellas pro hibridación, un estandarte de propaganda, uno de los primeros pactos de cooperación y protección (para defenderlos de los mexicas), el primer acto de carácter internacional y oficial pues el Rey de España estuvo al tanto, así como el primer BTL estratégico de lo que se convertiría nuestro país.

No he tenido la fortuna de pisar Tlaxcala, es uno de los estados que están en la lista de pendientes, lo tengo ahí porque es mi deseo estar frente a la pila bautismal, la cual es objeto alegórico del BTL, además, quiero estar frente esa placa pétrea que describe el hecho.

Estar parado frente a una de las primeras herramientas publicitarias me hará estar contento por haber elegido mezclar (ni nos gusta a los mercas) las tres pasiones a las que me dedico: el marketing, el turismo y la política.

¿Alguien me acompaña?

Los señores de Tlaxcala

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