Me gusta conocer mi país y reencontrarme con algunos lugares que se han vuelto entrañables, soy un turista incurable, pues viajar es una transacción constante, es una negociación y traducción simultánea, en el turismo con visión, gana el local y el forastero.

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Un día cerré los ojos y mientras pasaba una estrella fugas, pedí la oportunidad de conocer los estados que aún no tenido la fortuna de visitar. Al parecer lo hice con tantas fuerzas que el trabajo y paciencia, comienzan a darle sentido al deseo, a la estrella.

Visité Hermosillo con motivo del congreso que organizó la Universidad de Sonora, me tocó cerrar (como está siendo costumbre) y hablar con los jóvenes sobre emprendedurismo. La misión se cumplió gracias a la invitación de los maestros Ciro Romo y Arturo Meza, así como del comité organizador. Las atenciones fueran más allá de mi estancia académica, me obsequiaron un par de días para conocer Sonora, los cuales aproveché como el programa “Gringo en México”.

El resultado es que conocí el centro de la ciudad y luego los lugares cercanos a Hermosillo, comenzando por el Cerro de la Campana, Bahía de Kino y no recuerdo el número de restaurantes de tantos que fueron.

He comido como sí me hubieran tenido amarrado y para fortuna mi liberación fuera por estos rumbos. La comida es deliciosa, se me hace agua la boca al recordar el exquisito repertorio de carnes.

En Sonora la gente se define como bronca, directa y amigable, me ha dicho con increíble sentido del humor que se comportan como los animales del desierto. La verdad es que a pesar de su baja densidad poblacional, la gente es muy guapa. También es verdad que son francos y a veces parecen enojados, pero la realidad es que esa rudeza los hace encantadores, les da identidad. Al sonorense le acomoda perfecto el marketing directo, el digital y el BTL.

Un lugar en donde generaron marketing de experiencias, fue en El Rincón de las Coyotas. Dicho pan dulce tan famoso en todo el mundo me llevó a buscarlo en su forma más artesanal. Desde el arribo al establecimiento me hicieron sentir en casa, me permitieron ver la manera de producirlas, hice mis pininos en el horno y al final llené la maleta.

En este lugar me di cuenta que algunas personas hacen BTL de manera empírica, que no saben de terminología, pero que saben de ponerle el corazón a lo que hacen, eso es lo que me ilumino los ojos y me hinchó el alma, el saber que nuestro ADN por naturaleza preserva de manera lógica los herramientas de marketing que están vigentes y lo seguirán siendo por la proximidad con la que se realizan.

Mira que abrirle su taller de producción de “coyotas” a un extraño, es muy significativo como para no subrayar lo que representa para mi. Ese es el BTL del futuro, el que crea lazos de confianza con el cliente incluso sin conocerlo, el que lo hace sentirse importante, el que le recuerda su identidad.

En la familia del Rincón de las Coyotas felicito a las miles de familias que se levantan todos los días a poner en marcha sus empresas, espero que en el ejemplo de ellos, sintamos el compromiso de ir más allá de lo empírico, siempre y cuando no se comprometa el sentido humano, pues es ahí donde podemos ver con claridad una “oferta de valor” irremplazable. Vean los que han hecho con toda la pasión del mundo https://www.facebook.com/pages/El-Rincon-De-Las-Coyotas/168818446542090?fref=ts

Hacer BTL es poner a latir el corazón de nuestra marca en sinergia con el de nuestros consumidores, cuando eso sucede, los convertimos en cómplices, para muestra mi maleta, el artículo y mi promesa de regresar.

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