La idea de “hacer el súper” resulta bastante tediosa para la mayoría de las personas. Definitivamente no es una distracción sino un actitud responsable que debemos tener por el bien de nuestro cuidado y de los que viven con nosotros.

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“Hacer el súper” es todo lo contrario a “ir de shopping”, porque a pesar de que las dos implican el grandioso acto de comprar, parten de necesidades completamente distintas.

¿Por qué nos gusta más ir de “shopping” que ir al súper? La respuesta es muy sencilla: lo que compramos, más allá de ser una necesidad, es una especie de premio, una forma de consentirnos y este simple hecho lo hace divertido. Hacer este gasto no implica sufrir, sino la satisfacción de tener en nuestras manos algo que QUEREMOS, cueste lo que nos cueste.

Cuando las compras se convierten en un juego, son divertidas y lo cierto es que a nuestras vidas les hace falta entretenimiento. Pasamos tanto tiempo siendo responsables en el trabajo o en la casa, que queremos diversión y recompensas cuando salimos.

¿Recuerdan cuando eran niños? Los papás nos ponían retos para ganarnos algo: “si haces la tarea puedes ver la tele”; “si te comes las verduras, puedes salir a jugar”; todo para que la obligación pasara a ser la emoción del ¿qué me gane?, la que podías compartir con hermanos o amigos.

Ahora que somos adultos, serios y profesionales, queremos compartir con todo el mundo que nos sentimos felices cuando vamos a algún lugar que parece divertido, y como lo de hoy es el WOM (Word Of Mouth) en las redes sociales, no hay lugar al que vayamos que no le avisemos al planeta entero que estamos ahí a través de un “check in”. Es entonces cuando estas aplicaciones nos crean una adicción casi de competencia. Cuando nos damos cuenta que entre más las usamos nos dan más privilegios. Nos volvemos verdaderos heavy users.

La gran mayoría de estas aplicaciones no nos dan dinero ni recompensas físicas. Nos dan entretenimiento, diversión y ese sentimiento de estar en la cima cuando además, otras personas que conoces se integran al juego. Y estos insights también tienen su influencia en el shopper.

Cuando volvemos lúdica una responsabilidad, en automático dejamos de sufrir y reorganizamos nuestras prioridades. Cumplir con esa responsabilidad ya no es lo más importante, ahora tenemos un pequeño objetivo en el juego que debemos alcanzar para ganarnos un premio, ¡VAMOS POR EL PREMIO!

Jugar nos saca el estrés porque hace que los más poderosos deseos en nuestro interior, hagan volar a nuestra imaginación muy muy lejos de nuestras preocupaciones.

Actualmente, hay pocas aplicaciones que nos permiten jugar en el punto de venta. Por eso sigue siendo divertido agarrar velocidad en el carrito y subir los pies cuando vemos un pasillo solitario para hacerlo.

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Utilizar mecánicas de juegos en shopper marketing tiene un gran potencial educativo para el shopper, pues incrementan la retención de los mensajes que le damos.

También es una oportunidad para que las marcas y los retailers generen verdaderas experiencias de compra, dejando de ser aburridos y formales. Hacer que el shopper se divierta en todas las etapas del journey tiene sus recompensas.

Gamification es una poderosa herramienta para el shopper marketing, pues a través de ella se crea una conexión con el shopper y se logran cambiar sus patrones de comportamiento de compra e influenciar sus decisiones en el punto de venta.

Pero, ¿a quién le importa? ¡Lo que queremos es divertirnos! ☺

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