El exceso de trabajo, largas jornadas laborales, presiones por tiempos de entrega, incluso los traslados desde la oficina a casa, entre otros factores, han ocasionado que miles de empleados manifiesten una serie de padecimientos que afectan no solo a nivel físico, sino también emocional y psicológico. Entre estos males se encuentra el síndrome de burn out.

También conocido como desgaste profesional, se trata de un estado en el que la persona que lo presenta manifiesta síntomas como sensación de agotamiento crónica y prolongada, así como sentimientos negativos relacionados con el trabajo y una reducción en su rendimiento.

Han sido tales sus efectos adversos y la recurrencia de este padecimiento en más empleados, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya lo reconoce como enfermedad y lo ha incorporado en su Clasificación Internacional de Enfermedades, lista que es utilizada para establecer estadísticas sanitarias y tendencias y que se encuentra compuesta por médicos expertos en diversas disciplinas de todo el mundo.

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Luego de esta entrada a dicha lista, el síndrome de burn out ahora ya cuenta con el código QD85 que lo acredita como parte de las enfermedades reconocidas por la OMS.

De acuerdo con el organismo de salud esta enfermedad se asocia a fenómenos relativos al contexto profesional, mismo que no debe ser utilizado para describir experiencias o momentos que tengan que ver con otros ámbitos de loa vida de cada colaborador.

Una de las manifestaciones más comunes de este padecimiento es el estrés laboral crónico que, según la OMS, puede desencadenar ciertas afecciones como angustia e irritabilidad, falta de concentración, trastornos digestivos, por mencionar algunos, mismos que afectan directamente el desempeño y desarrollo profesional del colaborador que lo padece.

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Cabe mencionar que, a pesar de que en México tiene a los trabajadores que más horas trabajan, son de los menos productivos, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos​ (OCDE).

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