Necesito más tiempo, necesito más lana

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En una reunión con algunos viejos amigos nos poníamos al tanto sobre qué hacía cada uno actualmente, cada uno contando qué hace en su chamba y cómo le ha ido en los últimos años.

Como buenos amigos también platicamos esos momentos que nos quitan la tranquilidad, convirtiéndose aquello en una sesión catártica. Un camarada externó ya no tener tiempo para pasarlo con la familia ni para hacer algún pasatiempo por andar chambeando. El dilema es que si no chambeaba mucho, tampoco tenía el suficiente dinero para aumentar su calidad de vida.

¡Vaya paradoja!, ¿no? ¿Se puede tener tiempo y buenos ingresos de forma simultánea o siempre hay que hacer sacrificios? ¿Cuánto es suficiente?

 

Dónde está tu tesoro allí está tu corazón

Mi buen amigo Victor Küppers tiene una frase que bien podría ser un juego de palabras, pero de ser analizada a consciencia, tiene profundidad como para sentarte un rato y darle un norte a tu vida:

Hay que darse cuenta que en la vida lo más importante es que, lo más importante, tiene que ser lo más importante.

Es sano aspirar siempre a más: un mejor puesto, un mejor trabajo, un mejor salario, un mejor auto; pero para llegar a eso la mayoría de las ocasiones primero hay que fregarle un buen rato. Rara vez alguien mejora su calidad de vida en poco tiempo haciendo actividades legales.

Para subir de nivel y mejorar la calidad de vida, desde luego que hay que hacer sacrificios. La cadenita sería algo así: si quiero mejorar mi calidad de vida, debo trabajar más; si trabajo más, tendré menos tiempo para actividades recreativas, descansar, convivir con la familia, etc; pero si tengo menos tiempo para labores fuera del trabajo ahí puedo tener consecuencias irreversibles.

Imaginemos que tienes más ingresos que cubren tus necesidades, ya sea porque tienes 2 o 3 trabajos, o un mejor puesto aunque sea muy demandante, ¿pero qué estás sacrificando?:

  • Si tienes hijos: ver su crecimiento, cómo aprendieron a caminar, sus primeras palabras, estar en sus graduaciones o cumpleaños, orientarlos, ayudarles con la tarea, jugar con ellos, llevarlos al parque, etc. Habrá un momento en el que ellos ya no te necesiten (tanto) y anhelarás regresar el tiempo para aprovecharlo diferente.
  • Si tienes pareja: tiempo de calidad por el cansancio acumulado, salir a cenar, ver alguna película, fiestas familiares, el cumplimiento marital… you know what I mean…
  • Si eres soltero: abandonar pasatiempos, dejar de ir a correr o al gym, salir con tus camaradas a cotorrear, entre otras.

Y en cualquiera de los 3 escenarios aplica: DESCANSAR. ¿Consideras que no es tan importante? Papá, sabías que dormir es como si mandaras tu cuerpo a un taller para que lo reparen, justo como es llevado al taller mecánico un automóvil cuando se descompone.

 

Tiempo para todo

Si eres curioso te invito que busques en una biblia el libro de Eclesiastés. En su capítulo 3 habla sobre el tiempo. El autor, el rey Salomón, plasma 28 temporadas que bien podrían abarcar todos los acontecimientos que pudiera atravesar el ser humano a lo largo de su vida.

Al ser analizadas las palabras de este libro, clasificado como “de sabiduría”, podemos darnos cuenta que realmente le hacen honor a su clasificación con su erudición. A qué voy con esto…

¿Te quieres romper el lomo para pagar tus deudas, irte de vacaciones, comprar un coche… vaya, mejorar tu calidad de vida? Órale pues, dale; sin embargo, recuerda que para todo hay tiempo: a veces tocará disfrutar de un tiempo personal, familiar, social; y a veces tocará machetearle. Pero no solo una u otra.

Acuérdate de las 28 temporadas escritas por el rey Salomón. No quieras hacer cosas que en su tiempo no hiciste para las cuales quizá ya no estés en óptimas condiciones. Lo cual no lleva a cuestionarnos:

¿Cómo saber cuándo es la temporada de romperme el lomo chambeando y cuándo es la temporada para bajarle al ritmo y disfrutar?

La respuesta es corta: no sé. Ese secreto de la vida te toca averiguarlo a ti. Si llevas una vida en pareja, con mayor razón es necesario platicarlo con ella en aras de lograr lo que ambos consideren lo mejor para la familia.

 

Conclusión

Entonces… ¿en dónde está tu corazón: en la lana, en tu familia, en tu salud física y/o mental? Porque justo donde está, es a lo que le darás prioridad.

Ten cuidado, no vaya ser que en el proceso de construir la casa, pierdas tu hogar. De poco te servirá tener una casota, un coche de lujo y dinero en tu cuenta de banco si perdiste a tu pareja o a tus hijos por dedicarle tiempo exclusivamente al trabajo.

Si no tienes hijos o pareja, tienes una mamá, un papá, hermanos o abuelos, a los cuales vas a anhelar cuando fallezcan. Podrás trabajar toda tu vida, poseer millones, propiedades y nunca te será suficiente, siempre vas a querer más.

Por eso te dejo de todo corazón mi mejor recomendación y con esto concluyo:

Aprende a contentarte con lo que tienes.

 

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