Arte y matemáticas, es la música una de las artes más sublimes, como lo dicen algunos melómanos, es esculpir en el aire, es esforzarse por obtener una obra perfecta que sólo dura en el mismo momento en el que se ejecuta.

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La anterior es la filosofía poética de esta bella arte. Los avances tecnológicos han introducido combinaciones imaginadas, la reproducción masiva, la compostura de piezas musicales y la formación de estrellas a partir del oficio de los sonidos y silencios.

Por supuesto que cabe la concepción de música comercial para audiencias amplias y la utilización de la misma para efectos publicitarios. Las canciones son una fácil conexión con los productos y servicios, las melodías logran ubicarse en el consiente y subconsciente, es por ello que incide en la conducta del consumidor.

A mediados del siglo pasado la música fungía como un mero elemento que contribuye a la publicidad, hoy en día se han incrementado sus funciones, tal es así que ha logrado aliarse a artistas para ser emisarios de marca, a géneros musicales para ser ubicados en el concepto de negocio y se adapta a actividades como conciertos, desfiles, fiestas y concursos.

En todos los anteriores el lugar de la música adquiere un efecto doble, por un lado se reivindica y permite darle autoridad a la firma y por otro se vulgariza para ser la tortura de aquellos consumidores con gustos más refinados, pues una característica de la música es lo contagiosa que es, consiguiendo fastidiar o agradar por la repetición en medios tradicionales, alternativos y en la interpretación desafinada de cada cliente.

Para escribir sobre la música me complací escuchando el soundtrack de la película To Rome with love, la última de Woody Allen, obra musical bastante recomendable, la cual permite trasmitir el sentido del humor de la película al material musical sin perder poder. La selección, los arreglos y sus intérpretes suman un excelente trabajo.

Como nota al margen la película contó con un despliegue de concursos románticos en las redes sociales.

Música de elevador, para supermercado, para tienda de ropa femenina, para relajarse, de sonidos de la playa, para hacer el amor… Las tiendas, departamentos de música y sitios de descarga, han sabido segmentar la oferta clasificándola, traslademos el ejemplo a la publicidad y hagamos embonar el mensaje-música con la acción que se desea obtener del cliente.

Especialmente en el BTL se debe planear la selección, la reproducción, los tiempos, el volumen correcto, el interprete, el lugar contemplando, la decoración y por supuesto la manera en la que hemos decido se interactúe con la marca.

Al fin de cuentas los que hacemos merca debemos escuchar la voz que nos dicta la lógica y lo irreverente, difícil tarea, pero al fin placentera. De la misma forma es la música, complicada para ejecutarse y deliciosa en disfrute.

 

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