No hay nada más agradable que escuchar hablar sobre marketing, es música para los oídos, siempre hay debate y discusión; hasta que se habla sobre la clave para hacer marketing: la experiencia, todos se ponen de acuerdo y la conciben como la ruta más práctica para aplicar sus estrategias.

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Y es justo ahí, donde se concentra el problema, pues todos aceptan el concepto de: Marketing de experiencias y lo adoptan a su propio lenguaje, dándole un alto sentido de importancia, es más, en algunas empresas hay rubros del prepuesto dedicado al área experiencial del marketing.

¿Será qué nadie ha analizado lo ilógico que suena hablar de Marketing de experiencias? Es tan redundante como decir que el agua del mar es salada, que una pelota de futbol es redonda.

Esa es la maldita clave del marketing: la experiencia, porque todos la elevan y la veneran pero pocos saben cómo generarla, en tal sentido se convierte en un ideal, en el deber ser, aunque no lo sea. El marketing por sí mismo acoge la experiencia como propia, no se puede concebir el marketing sin ella, por eso es redundante, hablar sólo de marketing de experiencias.

Pues el marketing acoge dos palabras: estrategia y experiencia, sin ellas no tendría sentido su quehacer.

De tal modo que el marketing de experiencias, no es una novedad de hace 3 años, sabemos por los neurólogos, que el cerebro está preparado para olvidar y sólo recuerda aquella que es capaz de emocionarlo.

En tal virtud, cuál sería el objeto del marketing si no es capaz de emocionar al consumidor, si desde su concepto mismo no es estratégico; no tendría sentido alguno, no tendría eficacia, sería un esfuerzo inútil.

Así que, si se entiende la razón de ser del marketing, sus tendencias y aplicaciones, se dejaría de hablar del marketing de experiencias como el centavo que le hacía falta al peso, como ese “plus” estratégico.

En tal sentido, la experiencia del consumidor sea buena o mala, es la clave para el marketing, interiorizándola al concepto mismo, es decir si las estrategias de marketing planteadas no tienen claro cómo se generará la experiencia al consumidor, está experiencia, se dará por fuera del control de la marca, hay una experiencia del cliente, quiera la marca o no.

Así, la experiencia es la clave fundamental para hacer marketing, una clave maldita, en la medida en que todos la quieren usar, pero no saben cómo, cuándo, ni porque, ese es el error.

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