Esta preocupación ésta presente todo el tiempo porque no deja de agobiar a los microempresarios que cada vez se sienten más alejados de su consumidor.

En tanto le atribuyen sus fracasos, a los cambios de decisión de compra que tiene su público objetivo, pero la realidad es que nos estamos viendo enfrentados a un futuro poco favorable, lleno de oportunidades escondidas sólo para aquellos que tienen la información. Puesto que el marketing se ha convertido en un sector donde muchas personas navegan pero pocos saben hacerlo; y ahí ésta el error, porque los mercadólogos están perdiendo la magia que implica hacer marketing, se les olvida la importancia de sorprender y por el contrario se refugian en estrategias publicitarias poco confiables.

Vale la pena cuestionarse entonces: ¿Quién es realmente el cliente? Y no hay otra respuesta: Un ser humano que ama, odia, se enamora, tiene anhelos, sueños y un ego que respetar.

Si en realidad está descripción estuviera clara para todas las marcas, dejarían de cometer tantos errores que se identifican cada vez que se aplica un indicador de evaluación; en tal sentido si se reflexiona alrededor del resultado, la respuesta es triste porque no hay una evolución de la entrega de beneficios mutuos entre el cliente y la marca; todo se ha quedado en la etapa básica: “Transacción comercial” y no ha trascendido al impacto que han de tener las marcas en el ego del consumidor.

La construcción del alter ego:

  1. El consumidor y su otro yo: crear un alter ego con un sujeto artificial sería el ideal de toda marca, porque favorecería el reconocimiento y la admiración del consumidor, generando significaciones emocionales capaces de movilizar intereses propios. Y aunque puede sonar por fuera del contexto del marketing, no basta con recordar que el consumidor es un ser simbólico que necesita validarse como sujeto todo el tiempo y en ese proceso deben de estar inmersas las marcas.
    Para ampliar más el concepto, debemos de dejar de segmentar basados en patrones que exclusivamente se delimitan por generaciones, porque esto va a terminar por sesgar la percepción que la marca tenga del consumidor.
    Y es así como la segmentación debe de hacerse a partir de la identificación de patrones de comportamiento y decisión que van a arrojar caracterizaciones propias del consumidor, de las cuales las marcas se pueden apalancar para crear una personalidad capaz de generar identidad, sin perder su carácter aspiracional, porque en el momento en que deje de ser deseable, se convertirá en un bien básico para su propio target.

Así inicia la construcción de un alter ego, como personalidad paralela del Yo deseable que necesita el consumidor para verse reflejado.

Próximamente segunda entrega.

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