Cuando una persona ha decidido crear su propio negocio, y en consecuencia, convertirlo en una marca legalmente constituida, llega un momento clave en el proceso de branding: elegir un nombre.

Tal como sucede con el diseño del logotipo o identidad gráfica, darle un nombre a la marca representa una de las labores y decisiones más importantes, y esto no solo porque tendrá un registro legal ante el Instituto Mexicano de Propiedad Industrial (IMPI), en el caso de este país, sino también porque será este un elemento que ayudará al público meta a distinguir y reconocer al negocio entre los competidores, además de que será una manera de comunicarle al cliente los valores de la marca.

De acuerdo con Catharine Slade-Brooking, autora del libro “Creating a Brand Identity”, al definir un nombre es vital que se haga una investigación exhaustiva por parte de cada profesional involucrado en el desarrollo de la marca, esto con el objetivo de crear una identidad propia, que sea reconocida por el target y que, aun con el paso del tiempo, se mantenga congruente entre lo que ofrece, lo que es y la manera en cómo se comunica con sus clientes.

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Para esto, dicha autora sugiere que todas aquellas personas que participan de la creación de marcas, y que se encuentre en la etapa de definir el nombre, tomen en cuenta los siguientes 8 enfoques:

  • Nombre descriptivo: este se refiere a aquel nombre basado en palabras que destaquen los servicios o productos que ofrece la empresa, así como características que destaque al bien o servicio.
  • Acrónimos: deriva del uso de la primer letra de cada palabra que se quiere tener en el nombre, como lo que sucede con KFC (Kentucky Fried Chicken), o bien al utilizar abreviaturas o sílabas.
  • Nombre imaginativo: tiene que ver con el uso de palabras que se escuchan bien, aunque no guarden alguna relación con el bien o servicio que la compañía comercializa, similar a lo que pasa con algunas marcas de telecomunicaciones.
  • Neologismo o palabras inventadas: consiste en la creación de una palabra inspirada en los valores, identidad e imagen que quiere comunicar la marca y que den cuenta de su cultura organizacional, filosofía empresarial, entre otros distintivos, al cual no necesariamente debe tener un significado real.
  • Onomatopeyas: este tipo de nombre se designa al apoyarse en la imitación de un sonido que guarda relación con el producto o servicio ofrecido.
  • Recurrir a otro idioma, lo cual en algunas ocasiones hace más atractiva e interesante a la marca, aunque esto también dependerá del tipo de público al que vaya dirigida.
  • Identidad personal: este tiene que ver principalmente con el nombre del fundador, como sucede en el caso de Disney, por ejemplo.
  • Geográfico: otra forma de determinar el nombre es estableciendo un vínculo entre la marca y su lugar de creación.

Hasta 2017, en México había un total de 91,549 marcas registradas ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), las cuales en cuanto fueron dadas de alta se convirtieron automáticamente en activos intangibles para la empresa que ahora representan.

Puedes consultar:

Branding, ¿por qué es importante que las marcas le presten atención?

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