Ya lo dice el viejo proverbio: “No puede impedirse el viento, pero hay que saber construir molinos”. La crisis sanitaria es una realidad que ya ha dado al menos medio año para pensar en soluciones ante sus enormes retos. Las empresas no pueden darse el lujo de esperar a que pase, sino que deben ir contracorriente haciendo lo mejor posible. Lo mismo ocurre con los profesionales, quienes son líderes tiene enfrente la enorme oportunidad de hacer lo que mejor saben.

El liderazgo tiene sus buenos momentos, el reconocimiento, pero la mayoría del camino está lleno de retos consecutivos. Este 2020, parece el año ideal para demostrarse a sí mismos las capacidades.

De acuerdo con una evaluación preliminar de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la pandemia de COVID-19 tendrá un efecto en un aumento del desempleo de hasta 24,7 millones de personas. Estos efectos no deben pernear a los líderes.

El entorno exige una guía que lleve a los demás por diversos caminos, eficientes o ineficientes, pero marcando terreno en pro de encontrar mejores procesos en todas las industrias. Pero para que eso sea posible, las características de los líderes deben salir a flote reconstruidas a las novedades.

  1. Los líderes de hoy tienen el enorme reto de generar cimientos sólidos en medio de la incertidubre. ¿Cuándo acabará la pandemia?, ¿cuándo habrá vacuna segura?, ¿qué pasará con la economía?, ¿habrá empleo? Todas ellas parecen no tener relación con los líderes, pero las tienen. Mientras el equipo se decanta por analizar estas circunstancias, el guía debe enfocarlos en qué deben hacer mientras eso se soluciona, formando bases en las cuales todos pueden parar.
  2. Además, es una oportunidad para los líderes a la hora de hacer las cosas mejor y más rápido que antes, así que debe marcar nuevos procesos que, como siempre que llega algo nuevo, pueden parecer disparatados, pero cuyo riesgo es necesario y que al final el líder va a manejar en caso de que no funcionen.
  3. Es fundamental que el líder de hoy también cubra el clima laboral en sus prioridades, la gente está desenfocada y con justificación, algunos padecen situaciones que tienen que ver con la vida y la muerte, así que la empatía debe fluir en los equipos, la solidaridad, pero también la responsabilidad.
  4. La seguridad psicológica es el último punto que debería ser central, el equipo sintiéndose cómodo de expresarse y proponer, porque el buen líder sabe que de cualquier lugar puede venir una verdadera solución, él no puede resolver todo, pero sí acomodar las circunstancias para que eso ocurra. Los retos son muchos, pero las oportunidades, más.

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