De los miles (sino es que quizá millones) de productos que existen en el mercado, contados son los que han marcado un cisma en la historia de la humanidad como lo han hecho los productos editoriales masivos (entiéndase con este término a los libros, revistas, periódicos y panfletos, por mencionar algunos), los cuales pudieron ser generados desde 1440, cuando Johannes Gutenberg realizó la primera imprenta de tipos móviles de la era moderna. Desde entonces y hasta nuestros días, estos la cantidad de textos hechos supera con mucho al número de materiales impresos que se habían creado antes de ese momento.

La ley de la oferta y la demanda es inexorable. Si hay un producto, existe una oferta al mercado, la cual será determinada en correlación con la cantidad de demanda que se genera en este mismo. Lo mismo sucede con los productos editoriales, lo cual permitió (o exigió, mejor dicho) que tuvieran su espacio en los anaqueles en algunas tiendas o que incluso desarrollarán sus propios puntos de venta, las librerías.

El sector minorista de los libros, revistas y periódicos se encuentra en un momento clave con la expansión y posicionamiento de los medios digitales. La era del byte ha permitido que los textos logren a formatos electrónicos, los cuales, sin duda, son más baratos en términos tanto de producción como de distribución. Un libro digital puede usar como escaparate (con sus debidas restricciones) las redes sociales como Facebook, la cual cuenta con una base de usuarios de 2 mil millones de registros.

Esto ha hecho pensar a muchos que estamos ante la inminente muerte de los productos editoriales físicos. Sin embargo, esta misma idea se pensó de la radio cuando la televisión entro en el tablero de los medios.

A pesar de lo anterior, no podemos dejar de lado que la industria sí está pasando por momentos complejos. En países como México, la falta de interés por la lectura provoca que la cantidad de demanda caiga drásticamente, aunque los costos de producción siguen siendo básicamente los mismos (incluso mayores, puesto que en medida que el dólar se aprecia frente al peso, el costo de los insumos importados como el papel o las tintas irá en aumento).

Sin embargo, más allá de quedarse paralizada y estancarse, la industria editorial tiene una oportunidad de renovarse y de evolucionar junto con sus consumidores, tanto en las estrategias como en los formatos y en las estrategias de marketing que usa para llegar al consumidor.

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