Reglamentos… ¿Qué tanto sirve para una empresa?

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Es imposible vivir en anarquía: en casa tenemos reglas, en la escuela no nos libramos de ellas ¡y qué decir de las del trabajo!

La misma cadena que puede ahorcar a un perro, es la misma que también lo protege y protege a otros cuando aún no está educado. El secreto siempre es el balance, cuándo apretar y cuándo soltar.

Es imposible vivir en anarquía: en casa tenemos reglas, en la escuela no nos libramos de ellas ¡y qué decir de las del trabajo!, probablemente son las que más nos pesan ya que las sanciones por lo general golpean nuestro salario y los gastos o deudas no se pagan solos.

Las reglas reflejan principalmente dos aspectos: lo conservador o liberal que es el lugar donde trabajas y el ambiente laboral, pero… ¿las reglas se hicieron para romperse?…

SÍ, PERO CON CONDICIONES Y CUANDO HAY UN BUEN FIN

Si sabes manejar seguro identificas fácilmente las señales de tránsito. Por ejemplo, en carretera está prohibido rebasar cuando hay línea continua en el asfalto; lo puedes hacer hasta encontrar una línea punteada, de lo contrario nos exponemos a recibir una multa por violar el reglamento de tránsito.

Sin embargo, en una situación de peligro inminente, por ejemplo: el riesgo de atropellar a una persona que se atravesó por imprudente, no dudaremos en invadir el otro carril, haya línea continua o no. La experiencia que tengas al volante te dará criterio para saber cuándo hacer esa maniobra de esquiva y romper el reglamento de tránsito sea permisivo.

Lo mismo pasa en tu trabajo, si has pensado en hacer algo que quizá atente contra el reglamento, lo más prudente es conocer primero lo que dice para no condenarte por tu propia negligencia. Tu experiencia de vida y el tiempo que lleves laborando en ese lugar te dictarán en qué circunstancias podrás hacerlo, pero recuerda, siempre debe haber un propósito loable.

CASO REAL: UNA PESADA LOSA DE AUTORITARISMO

  • Contexto: empresa familiar asentada en el giro industrial. Da provisión a más de 20 familias. Es administrada por un matrimonio y su hijo, siendo el jefe de familia el Director General. Aunque oficialmente cada uno tiene su puesto, la esposa suele intervenir con frecuencia en decisiones que no le corresponden.
  • Conflicto: su reglamento interno es un tanto cuadrado. Entre las muchas prohibiciones están: consumir alimentos o bebidas en horario laboral, escuchar cualquier tipo de música que no sea instrumental, usar prendas diferentes a la mezclilla azul, el uso del celular, etc.Aunque algunas reglas mencionadas son entendibles, también es cierto que se puede tener cierta flexibilidad para hacer más ligera la jornada. El verdadero problema no son las reglas per se, sino que son arbitrarias. Con unas personas se aplica todo el rigor del reglamento y con otras no pasa nada.

    Si bien es cierto que la esposa es también dueña, se adjudica una autoridad que sólo le compete al Director General. Con frecuencia es ella quien parece policía nazi con el reglamento llamándole la atención a gente que no está a su mando. ¡Y tremenda mofa es esa!, ya que con el personal que sí está bajo su tutela es muy permisiva.

  • Desenlace: La arbitrariedad mermó la importancia que los trabajadores tienen por las reglas al grado de hacer caso omiso con algunas por lo “ridículas” que las consideran.La rebeldía de parte de algunos trabajadores logró que incluso ya no se tomen en cuenta algunas sanciones o llamadas de atención sobre determinadas faltas al reglamento. A la administración le salió el tiro por la culata, por querer imponer tanto orden cayeron en una situación absurda que se veía venir a kilómetros: insubordinación.

    No se puede prohibir todo y menos cosas que podrían ser esenciales hasta cierto punto. Tarde o temprano la gente encontrará la forma de cómo hacer algo a escondidas.

RECOMENDACIONES PARA HACER UN BUEN REGLAMENTO Y/O SALIRTE CON LA TUYA

Las reglas son necesarias para una convivencia respetable. Defienden los intereses del lugar donde trabajas de gente irresponsable que los puede poner en riesgo, pero también te protegen y protegen a otros de acciones que pueden ser molestas y salvaguardan las actividades que desempeñas.

  • PARA HACER UN BUEN REGLAMENTO
    1. Todos coludos o todos rabones. Si el reglamento estipula sanciones por llegar tarde, le aplican tanto al Director General como al personal de intendencia, no hay excepciones. Si el personal de bajo rango tiene prohibido ir a la tienda, pero tú sí te sales por tu juguito y tus galletas, ¿cómo esperas que obedezcan los demás? Cuando se hacen excepciones se corre el riesgo que tarde o temprano el resto del personal busque la manera de enderezar la balanza para hacerlo justo y justificar aquello que está prohibido.
    2. Negocia. Si ves que alguna regla se rompe con frecuencia porque puede ser absurda, llega a un acuerdo con los trabajadores, pero no seas terco y pongas otra regla aún más fuerte y absurda. No se trata de que dobles las manos por cualquier cosa, pero tampoco impongas una dictadura.
    3. Sentido común. No prohíbas cosas que pueden aligerar la jornada como: tomar líquidos (excepto bebidas alcohólicas); usar el celular de forma moderada – mientras entreguen en tiempo y forma, no hay problema-; escuchar música con volumen moderado sin que parezca antro, etc.
  • PARA SALIRTE CON LA TUYA
    1. Ningún reglamento es perfecto. Apréndete de pies a cabeza el reglamento y encuentra los vacíos que tiene, ninguno es perfecto. Saber usar la información a tu favor siempre será un recurso que te sacará de apuros. Sólo pregúntate si vale la pena romper las reglas y recuerda tener un propósito loable…
    2. Ten evidencia. Si hay antecedentes de que el reglamento no se aplica parejo con todos y te acusan por algo, pero sabes que no obraste como se te acusa, es importante pedir esas pruebas contundentes e inalterables de lo cual te culpan, pero también es importante que muestres aquellas que confirmen las injusticias.

¡NUNCA VIVAS AL LÍMITE!

Imagina que tu día a día en el trabajo es como ir en una carretera, donde puedes conducir escuchando tu música favorita, hacer rebases, detenerte a poner gasolina e incluso a comer y descansar para reponerte y renovar la energía y la atención. Sin embargo, ignorar a propósito las indicaciones viales puede ocasionarte sustos, accidentes, e incluso la despedida de este mundo.

Habrá ocasiones especiales en las que el contexto te facilitará hacer caso omiso de esas indicaciones viales, y podrás justificar una falta ante las normas y reglas para conducir, pero no lo hagas costumbre porque podría costarte tu permanencia en la

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