Para muchos, un mal necesario. Para otros, una práctica que se debe erradicar. Para otros más, la manera más eficaz y transparente de contratar servicios creativos.

Muchas agencias de comunicación los odian. Participar en los famosos pitches o licitaciones, implica horas de trabajo y esfuerzo creativo sin la certeza de saber si la propuesta presentada será elegida (y por tanto remunerada) o no por el cliente. Es también en muchos casos, competir contra varias agencias más, e incluso, cuando el cliente no cuenta con mucha experiencia, hacerlo hasta con decenas de colegas para sólo cumplir con un trámite.

Otras agencias, los reciben con optimismo. Pues son también la oportunidad de presentar su capacidad creativa y poner el pie en una puerta para que no se cierre. De mostrar con hechos porqué son la mejor opción y competir libremente con agencias más grandes o proveedores bien conocidos pero añejos, que se han dormido en sus laureles.

Por su parte, para los clientes, los famosos pitches tienen dos beneficios primordiales. Por un lado, son una práctica que garantiza transparencia y un imparcial proceso de selección de proveedores, al poder cotizar un mismo proyecto con varios proveedores, para de ahí, elegir a la opción con la mejor relación costo-beneficio. Por otro, es también una forma clara y justa de elegir a la mejor propuesta creativa, compitiendo en condiciones igualitarias, pues aunque la revisión del portafolio de una agencia es de gran ayuda para conocer mejor la calidad de su trabajo, su trabajo anterior no necesariamente garantiza que pueda ofrecer el mejor concepto para determinado proyecto, ni un concepto totalmente innovador.

Para otros profesionales de la industria, este tipo de concursos comerciales, si bien son necesarios para los clientes, también merecen ser contribuidos por parte de dichos contratantes, aunque sea significativamente. Esto, por el simple hecho de representar un servicio otorgado, brindar un activo valioso que bien podría ser empleado después y por implicar varias horas de trabajo y esfuerzo que finalmente son robadas al tiempo que comúnmente se dedica a un cliente ya existente de la agencia, para invertirlo en un proyecto del que no sabremos si verá la luz.

Si analizamos el tema desde un punto de vista neutral, lo cierto es que a pesar de que las licitaciones o pitches tengan las desventajas antes citadas y no siempre puedan ser remuneradas, son sin duda oportunidades para mostrar el activo más importante que una agencia de comunicación puede tener: sus ideas.

Ahora, está en el cliente o contratarte el respeto a dicho trabajo al dar mayor peso en la balanza a la creatividad y no ejecutar las ideas presentadas con otro proveedor, ajeno a la idea original. Pues aunque se “regalen” para ganar un pitch, o tengan la imagen de la marca solicitante, las ideas siempre seguirán siendo de quien las trabaja.

 

 

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