En muchas ocasiones, hemos escuchado el dicho “casa de herrero, azadón de palo”. Es un dicho que en muchas ocasiones pareciera que está hecho para nosotros, pues no reflejamos lo que hacemos con lo que somos.

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Y me refiero a que en muchas ocasiones aplicamos las mejores estrategias de comunicación para nuestras marcas o clientes y estas herramientas no las aplicamos en nosotros mismos.

Basándonos en la teoría de que “todo construye”, vale la pena revisar si estamos haciendo todo para construir  nuestra marca como queremos; sobre todo si somos coherentes con lo que hacemos y con lo que decimos.

Partamos nuestro análisis, como si estuviéramos revisando la estrategia de comunicación de una marca:

• ¿Producto? Empecemos preguntándonos quiénes somos y qué queremos ser. Busquemos siempre estar donde nos vean, siempre en “anaquel” con la mejor presencia, sin romper el entorno, siendo armónicos y diferentes.

• ¿Presentación y diseño? Seamos coherentes con nuestra profesión y lo que queremos reflejar. Honestamente no veo a un abogado en jeans y entregando una tarjeta de colores en un juzgado. Cuidemos en todo momento nuestra presentación, uno nunca sabe cómo viene su día.

• ¿Una página web? Necesitamos tener espacios que hablen de nosotros, por ejemplo, un blog sería un espacio importante que refleje nuestra postura y pensamientos profesionales. Si no estamos alimentando algo similar, ¿dónde nos buscarán si quieren saber de nosotros?

• ¿Redes sociales? Un espacio más para que hablen de nosotros y encuentren información que pueda ayudar a construir una imagen propia, por lo tanto tu decides qué subes y comentas en la red.

• ¿Diferenciación vs la competencia? Cuántas veces luchas por ganar “la primer posición” o la “atención”. Sabes cómo son los demás o los que se parecen a ti, por lo tanto busca algo de fondo que te haga diferente, atractivo e impactante.

• ¿Cuál es tu valor agregado? La innovación será nuestro detonador para ser diferente; debes encontrar algo más que te ponga en otro nivel, un beneficio que nadie tenga y que sea vital ante los demás. Eso te despegará de todos y te dará beneficios que nadie tendrá.

• ¿Precio, promoción? Los mexicanos no sabemos explicar y mucho menos vender nuestro trabajo. Es muy importante hablar de nosotros mismos como una “odisea”, entre mejor construyamos nuestra historia y la narración sea más atractiva, veremos cómo cambia la atención de los demás. Nadie cuestiona el precio de un articulo cuando sabe que fue muy compleja su elaboración.

• ¿Mantenimiento e Impacto? Nuestra imagen debe tener el objetivo de perdurar en el tiempo; no dejemos que nuestra personalidad y entorno hagan que parezca que no estuvimos, o que nuestros nombres no se recuerden. Busquemos desde ahora cómo podemos hacer que nos recuerden y siempre nos tengan en mente. A su vez, frecuentar los espacios en donde siempre nos verán, mantengamos nuestra posición y postura en el tiempo.

En conclusión, pensemos que nuestra imagen se ha convertido en una marca, una “marca personal”. De la misma manera que se construye la imagen de un vocero de marca o servicio. Construyamos nuestra imagen de acuerdo a nuestros objetivos y el verdadero posicionamiento que le queremos dar.

Es muy común caer en errores de imagen que generan “ruido” en los que nos rodean y eso construye una imagen negativa. Cuidemos las redes sociales personales, pues head-hunters, clientes y otras figuras están revisando constantemente qué subimos y comentamos.

Usa tu estrategia exactamente igual a la de una figura pública y aprendamos de ellos mismos en dónde queremos estar y ser.

Al final de todo, así se construye una imagen. Y tu, ¿cómo construyes la tuya?

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