Entras a ver ofertas de trabajo, lees la letanía de beneficios entre diversas vacantes, algunas variadas y otras similares; y entonces lees una muy clásica: buen ambiente laboral.

Es curioso cómo varias empresas ofrecen este beneficio en contraste con una de las razones por las que muchos renuncian a sus empleos: sí, la incomodidad del ambiente laboral.

Hablar del ambiente laboral no se limita a la cortesía entre compañeros o a no faltarse al respeto, no, mis amigos, abarca más facetas. Para entrar en calor, les contaré una anécdota.

“El león no es como lo pintan”

Nadie había advertido nada extraño, excepto los integrantes del equipo de trabajo de la coordinación de X carrera en una universidad prestigiosa de México. Trece personas y ninguno decía nada al respecto; sin embargo, todos lo sentían y aun mejor, lo sabían: el ambiente laboral era casi tan pesado como el chile para el estómago de los extranjeros.

Lunes a sábado trabajando juntos durante varios meses, y conforme aumentaba el tiempo también las inconformidades, el resentimiento y la rebeldía; eso sí, nunca nadie conoció una pelea entre ellos, porque el trato era profesional. Pero el espíritu de ese equipo se extinguía.

El grupo se había resquebrajado formando coaliciones, y algunos miembros del cuerpo autoritario del grupo habían perdido su autoridad para varios de sus compañeros subordinados. Durante las entrevistas previas a la intervención, todos lo dijeron: el ambiente ya no es el mismo, está muy tenso.

¿Qué hay detrás de esta anécdota?

A. La calidad de un ambiente no es, ¡se hace!

En todos los grupos que ya están conformados, basta que acontezca algo que afecte al grupo para alterar el orden; puede ser la salida de un miembro, la llegada de otro, una promoción por la que compitan entre sí, o incluso algo como molestarse por discrepar en ideas en una junta.

Esto significa que el ambiente laboral depende de las circunstancias a las que están sujetas las personas en un momento; por ello, puede ser efímero o constante.

B. ¿Por qué se resquebrajó el grupo?

Por tres situaciones. Una, por política: qué es tan siniestro como un movimiento político para sacar ventaja en las próximas elecciones. Dos, por falta de coherencia de las autoridades de ese equipo de trabajo. Tres, por falta de flexibilidad e inteligencia en el método de trabajo.

Ve tú a saber si fue primero el huevo o la gallina, todo se conjuntó y desunió al grupo, poco le faltó para llegar hasta el tuétano y desmoronarlo.

¿Qué vuelve tedioso un ambiente de trabajo?

A continuación mencionaré las formas generales.

  • Jefe autoritario. Hay de personas a personas, pero cuando se trata de alguien que tiene carácter fuerte, una alta jerarquía y rigidez de pensamiento, puede volver muy incómodo el ambiente con su presencia, e incluso la motivación de los demás para continuar trabajando ahí. Y con justa razón, pues este tipo de personas estipulan algo y no se hace más que su voluntad: es así, y así es; no hay otra forma.
  • Compañeros problemáticos. Cuántos tipos de problemas no puede haber en un lugar de trabajo por envidias, venganza, celos, temores, prejuicios… Si a eso le sumamos que la mayoría de las personas no saben solucionar conflictos interpersonales, podemos decir que el ambiente de trabajo va a ser pesado para más de uno.
  • Reglas absurdas e innecesarias. Hay ocasiones en que por X o Z los métodos de trabajo y reglas cambian; naturalmente, alteran la cultura organizacional de las áreas de trabajo y afecta en las actitudes de los empleados, lamentablemente no siempre para bien.

Una anécdota breve:

Reinaba la paz en el espacio que compartían varias áreas de trabajo; cada uno ponía su música conforme a sus acuerdos. Todo iba bien, llevadero, hasta que un día llegó la codueña de la empresa y les quitó la opción de variedad musical, limitándolos a oír solo música clásica o instrumental. Obviamente esta piedrita se sumó al costal de diferentes trabajadores que ya tenían por otros aspectos, llevando a elevar su rotación de personal.

¿Qué hacer cuando el ambiente de trabajo no furula bien?

Hay situaciones que pueden estar bajo control dentro del mismo grupo sin tener que recurrir a expertos en este tipo de problemas. Considera lo siguiente:

1. Sé un papá y escucha. Como jefe habla con los principales responsables del conflicto; dependiendo de la situación también podrás hablar con compañeros de ellos, ya que seguramente habrán visto y oído detalles que ayudarán a tener una noción más amplia.

Antes de sancionar, acusar o condenar, da la oportunidad de expresión; no por nada han respondido abruptamente ante X situación.

Si la causa esjustificada, atiende a sus razones; tal vez no habías advertido ese despropósito y puede ser la clave para solucionar el problema. Si es injustificada, orienta; sanciona si es conveniente.

2. Sé inteligente y ¡prepárate! Para pedir un cambio necesitas tener los pelos de la burra en la mano, es decir, las evidencias y argumentos que sustentarán tus razones. Un arma tan poderosa para poner a la gente en su lugar cuando se expone con respeto, contundencia y asertividad.

3. ¡Pero el jefe es el descompuesto! ¿Qué hacemos? Hay 3 posibilidades:

  • Aguantarte, encomendarte a tu santo y seguir pese a todo.
  • Ponerte de acuerdo con los compañeros para externar de manera conjunta las causas que traen tensión. Es importante enfocarse en las consecuencias de determinada acción, decisión o regla.
  • Renuncia. Hay jefes que son necios y no cambian ni aunque eso les traiga mejoras en varios aspectos. Ante eso, no hay nada que hacer…

Y si no sabes lo que haces ni cómo proceder, entonces sé sensato y contacta a un agente externo para neutralizar y mediar con imparcialidad. Un consultor en Desarrollo Organizacional o un psicólogo con enfoque en Desarrollo Personal podrían ayudarte.

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