Marketing territorial es un concepto poco explotado en su totalidad, desde las direcciones de comunicaciones de los municipios e insípidamente articulado a la estrategias de marketing de las organizaciones, que lo perciben como un trabajo estatal, que debe garantizar un mejor escenario para los empresarios y habitantes, pero poco o nada, se favorecen estrategias conjuntas con alto valor para mejorar el posicionamiento de un lugar, y apalancar la estrategia de una organización, en pro de su desarrollo mismo.

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En ese sentido, el marketing territorial se convierte en un ejercicio articulado, en un gana gana mediado entre tres actores: territorio, habitantes y empresarios; que deben proporcionar escenarios futuros con planteamientos prospectivos, que mejoren el posicionamiento del mismo y le entreguen una mirada más incluyente, equitativa y auto suficiente.

Lo cual, permite que las políticas de desarrollo y comunicación de la labor realizada en un territorio, dejen de estar centralizadas y por el contrario se conviertan en un ancla atractiva de localía.

Por lo tanto, se logra la construcción de un imaginario colectivo, no sólo aferrado a su contexto cultural, sino también al progreso y la innovación percibida desde el comportamiento mismo de las personas y las inversiones propias y extranjeras, que prometen un futuro más promisorio.

En tal virtud, hay dos elementos fundamentales, que este marketing territorial deben incluir en su estrategia de comunicaciones:

1. Saber contar historias: una de las principales deficiencias con las que cuenta el marketing territorial, es su incapacidad estratégica para contar de la mejorar manera sus acontecimientos, hechos e inversiones; con lo que sólo se logra afectar la imagen de forma negativa.

Y con ello se hace necesario, que cada hecho se convierta en una historia digna de contar, con personajes de “carne y hueso”, más allá de las institucionalidades, capaces de mover sentimientos con sus testimonios. Ahí es cuando elementos como la fotonovela y el video cobran un bello y valioso sentido.

2. Saber influenciar comportamientos: aunque puede sonar un poco estremecedor el hecho de influenciar comportamientos, no se trata de otra cosa, que generar verdadera educación sobre las normas de convivencia de obligatorio cumplimiento, donde es la misma ciudadanía, la que exige respeto y cumplimiento, logrando la intervención de espacios comunes mucho más seguros y apropiados.

Lo anterior, observado desde la misma arquitectura y disposición de elementos que mediados por una estructura comunicativa, obligan al ciudadano a la adopción de conductas propias de la convivencia, pues recordemos que el ser humano tiene sentimientos como la vergüenza, el agradecimiento, el ego y la dignificación, que se pueden retomar en una estrategia comunicativa de marketing de territorios, para generar uniformidades en el actuar con respecto al territorio.

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