La enorme oferta editorial que hay en las librerías tanto físicas como en puntos de venta online puede representar un reto para los lectores o nuevos consumidores que se hallan en la búsqueda de un libro que satisfaga sus intereses y los haga vivir una experiencia de lectura placentera.

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En este contexto, muchas veces lo primero que hacemos es leer el título de la obra y la sinopsis; si la historia suena atractiva puede ser que terminemos comprando ese libro. Sin embargo, en el mundo editorial, así como en las tiendas donde habitan infinidad de marcas de un mismo producto, hay elementos que hacen la diferencia.

Acorde con el escritor Ignacio Padilla, los lectores asiduos, y que no lo son tanto, pueden aprender a “discriminar” un libro, a fin de leer aquél que nos deje satisfechos. Para ello, hay que fijarse en los siguientes puntos:

1) El sello editorial

El sello editorial se refiere a la casa editora que decidió publicar ese material, y específicamente a la persona, en este caso el editor, que apostó por esa obra y no otra. Se trata de uno de los filtros más importantes en la industria editorial, ya que el editor, a pesar de ocupar un lugar poco visible en comparación con el autor, es el que se encarga de construir las propuestas literarias. Ejemplos de grandes editores: Jorge Herralde de Anagrama, Beatriz de Moura de Tusquets o Juan Casamayor de Páginas de Espuma.

2) Perderse en las librerías

A veces es bueno no llegar a una librería con la mente en una búsqueda exacta. Perderse entre los estantes puede ayudar sobremanera a que incluso el libro te encuentre a ti y no tú a él.

3) Salir del estante de autoayuda

“Hay más libros que lectores”, por eso es importante echar un vistazo a los estantes de novedades y salir de la sección de autoayuda.

4) No creer que los clásicos son para todos

A veces se recomienda a los estudiantes recurrir a los libros clásicos. Sin embargo, es importante tomar en cuenta que la lectura es un experiencia, y para que sea placentera y no traumática, es indispensable que cada quien lea en el momento adecuado y en la edad que corresponda. Los libros que nos gustaron ayer puede que no nos atrapen hoy.

5) No creer en el mito de los libros comerciales

No todos los libros comerciales carecen de méritos literarios. Es como criticar a las películas holiwoodenses y enaltecer el cine de arte. No obstante, hay historias que a pesar de ser comerciales no dejan de valer la pena. A veces necesitamos cosas simples para pensar complejo, o incluso para bajarle al estrés.

6) ¿El libro o la película?

Aunque las películas basadas en libros pueden resultar atractivas se recomienda siempre leer el libro, pues, aunque nos quieran crucificar los directores de cine, el libro abre la puerta a la imaginación y la historia es más detallada. Las películas en cambio son más directas y nos presentan la versión sin dejar mucho a la imaginación.

7) La cuarta de forros

No todo lo que se dice en la cuarta de forros es cierto. Sabemos que como parte de un recurso de mercadotecnia la cuarta de forros contendrá la parte bonita de la historia, dejando de lado elementos que bien pueden ser importantes en la decisión de leer o no el libro. Por eso hay que creer a medias lo que nos presentan en esta parte del libro.

Foto: Shutterstock

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