El festival Cannes Lions 2016 será recordado por muchos mexicanos como el año en que “dejamos de romper el récord”, como el año en que llegó a su fin esa inercia ascendente que dio inicio con aquel Ogilvy de Lourdes Lamasney que, en 1998, obtuvo ese primer León de Bronce de nuestra era moderna publicitaria. Una tendencia que el año pasado nos llevó a obtener -como país- la cantidad máxima de 27 preseas, incluyendo oficialmente nuestro primer Grand Prix.

Yo le digo a todos esos mexicanos que dejemos de torturarnos con ese tipo de pensamientos, que las comparaciones nunca son buenas y que mejor nos preocupemos por entender los porqués. Lo he dicho desde antes de que iniciara el festival y, ahora, lo sostengo más que nunca: Con todo respeto, es absurdo pensar en llegar a romper ese “récord” en un año en que la situación financiera del país nos obligó a inscribir menos de la mitad de piezas que el año anterior. Si realmente quieren hacer una comparación útil entre el año pasado y el actual, comparen el valor
del peso contra el dólar y el euro. Eso sí es algo que deberíamos recordar.

La lógica no se equivocó: Si inscribimos menos de la mitad de piezas, lo lógico era que recibiéramos menos de la mitad de premios. No es que nos hayamos vuelto menos talentosos o apasionados, de un año para otro. Nos volvimos menos solventes financieramente hablando, eso sí es definitivo. Y los hechos lo evidencian: Además del acentuado decremento en el número de inscripciones, también hubo menos de la mitad de delegados mexicanos contra el año anterior y, este año, no hubo patrocinio para Casa México en Cannes. ¿Lo ven? No fue falta de “puntería”,
fue falta de “balas”. Y algo que tampoco ayuda en ese sentido, son todos los movimientos que este año atestiguó nuestra industria: Varios de nuestros eternos gatilleros están muy ocupados abriendo y/o fortaleciendo sus propias agencias; otros apenas están llegando a sus nuevas redes.

En fin, creo que hay mil razones, más no excusas, para dejar de preocuparnos por ese mentado
récord. Y yendo aún más lejos de todo lo anterior, yo les diría: Cannes Lions es un festival de creatividad,
no de aritmética. Se trata de reconocer la mejor calidad en ideas, no de sumar la mayor cantidad en preseas. Al menos, eso es lo que a mí siempre me ha gustado creer.

Aún recuerdo cómo nos alegramos cuando el Leo Burnett de Tony Hidalgo logró el primer León de Plata para nuestro país con Seally; cuando el Ogilvy de Marco Colín ganó ese primer Oro para México con DHL; cuando el Ogilvy de Pepe Montalvo y Mike Ruíz obtuvo el primer Grand Prix de México en una de las categorías más competidas (aunque después se los hayan retirado, por cuestiones meramente administrativas del festival) y, obviamente, cuando ese primer Grand Prix se consolidó para Leo Burnett, a través del trabajo del equipo de Emilio Solis para Always.

Y este año, el festival de creatividad más afamado del mundo también nos otorgó varias primicias que celebrar: Por primera vez, una agencia mexicana -Grey México- llegó a siete leones en una misma edición. Por primera vez, nuestro país obtuvo un Oro en Cyber, a manos de la mancuerna formada entre JWT y Google. Por primera vez, tuvimos ocho representantes de nuestra industria en el jurado. Por primera vez, tuvimos tres duplas mexicanas compitiendo en Young Lions.

Por primera vez, nuestro país realizó una cobertura de prensa tan extensa como la que, por azares del destino, un servidor tuvo la oportunidad de atestiguar de primera mano. Por primera vez, hubo un evento donde se trató de llevar la experiencia de los pocos que tenemos la gran fortuna de venir a Cannes, a los muchos que tuvieron la necesidad y obligación de quedarse en México. Pero no voy a engañarlos, es innegable que no todos esos números terminaron trayéndonos los resultados que esperábamos, pero esto no se acaba aquí. Ya tendremos varias oportunidades de capitalizar esas omisiones en años venideros.

Para terminar, quisiera decirles que para un servidor, este año también incluyó una gran primicia: Es la primera y la última ocasión en que vendré a este festival como Presidente del Círculo Creativo de México… como portavoz de un sinfín de personas increíbles y entrañables que día a día se esfuerzan por tener la mejor idea de sus vidas. Y a todos ellos les digo que ninguna cifra me va a quitar el inmenso orgullo que siento de representarlos acá. ¡Felicidades, México, por todo lo logrado este año!

Por Rafael Domínguez, presidente de Círculo Creativo

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