Ayer terminó la octava edición de la Feria de las Culturas Amigas. Un encuentro que reunió a más de 90 países nada menos que en la Plancha del Zócalo capitalino. Sin embargo, aunque puede tratarse de un evento esperado por muchos citadinos y hasta considerarse un logro del gobierno, la realidad es que la feria pierde calidad en cuestión de la experiencia.

Lo bueno

El gran atractivo de la Feria de las Culturas Amigas es que cada país presenta productos y servicios característicos del lugar. Este año, el país invitado fue Francia, de modo que los asistentes a la feria podían tomar clases gratuitas de francés.

Para los amantes de la comida, éstos podían probar diferentes platillos, postres y bebidas, que difícilmente se pueden encontrar en México.

Y en cuanto a souvenirs, la gente también tenía la oportunidad de llevar recuerdos, prendas, accesorios, vinos, y demás. Por la oferta en el lugar, queda claro que es uno de los eventos más esperados por muchos.

Turkia

Lo malo

Sólo el gobierno sabe por qué la Feria de las Culturas dejó de hacerse sobre Paseo de la Reforma. En aquel lugar era mucho más fácil disfrutar de cada stand, ya que así te obligaba la misma circulación.

De nueva cuenta el evento se llevó a cabo en el Zócalo, y lejos de aprender de la experiencia de la séptima edición, al gobierno le falló la organización.

El año pasado la feria prácticamente fue colocada en toda el área de la plancha. Este año, parecía un circo, pues el evento estaba adentro de una carpa, donde sólo pocos podían entrar.

Esto originó no sólo grandes filas y horas de espera para poder entrar, sino que adentro literal era un horno. Y por mucho que los organizadores quisieran formar sentidos para circular en aquel círculo, no se podía ni caminar.

filas

Lo feo

Cuando el gobierno anunció la llegada de la Feria de las Culturas Amigas 2016, presentó con mucho alarde la App FCA 2016, primera aplicación para consultar la información del evento y las actividades a realizarse.

No obstante, adentro de la carpa no había buena señal de wi-fi. Además, derivado de las fallas antes mencionadas, la gente difícilmente podía hacer check in en sus redes sociales. Sólo aquel que llegara temprano podía pagar por una foto con algún hombre árabe, que por 10 pesos estaba dispuesto a posar para la cámara.

Por lo demás quedó demostrado que la aplicación sirvió sólo como una especie de cartelera. Lo realmente difícil era disfrutar de las actividades.

arabe

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