La mayor parte de nosotros no seguimos ni dedicamos nuestro tiempo libre a las marcas. Nos interesa seguir y conocer más sobre lo que realmente nos apasiona, aquello que deseamos, que practicamos o incluso, que forma parte importante de nuestro estilo de vida.

Más artículos de Jaime Torres:
Los 3 tipos de contenido que funcionan
Por un BTL Sinvergüenza
Lo que Pulp Fiction nos enseñó…

Un producto o servicio lo adquirimos cuando lo necesitamos, siempre y cuando muestre, al menos para nosotros mismos, la mejor relación de costo-beneficio. Pero un tema que nos apasione puede estar en nuestra mente todo el tiempo, siempre querremos saber más al respecto y compartirlo con la gente que comparte nuestros mismos intereses.

RedBull por ejemplo, no se desgasta tratando de explicarte porqué debes comprar su bebida, sus beneficios y sus puntos de venta. En lugar de todo ello que poco nos interesa, se apoderó del concepto “deporte extremo”, y ahora es un gran emisor de ese tipo de contenido, obligado para quienes quieran conocer más de las nuevas tendencias y récords de recientes disciplinas. La marca se ha integrado a una gran tribu que ya estaba ahí, pero ahora le proporciona medios de comunicación y hasta eventos para seguir esa pasión. Se ha convertido entonces en un líder indiscutible de la tribu, y el producto, en parte indispensable de ella

Lo mismo han hecho otras marcas exitosas al crear sitios o páginas en redes sociales no precisamente dedicadas al conocimiento de su marca en sí, sino en un tema relacionado con su mercado, una tribu, grande o pequeña, pero una tribu con la cual muchos se identifican.

Es muy simple, sólo se trata de seguir el “modus operandi” del comportamiento humano. Desde el inicio del hombre, nos relacionamos en tribu, tratamos de encajar en uno o varios clanes, ya sea el del deporte que nos apasiona, la tribu de amigos de la preparatoria, la “tribu geek” o la “tribu culinaria” por ejemplo. Es en esos grupos de gente donde buscamos relacionarnos y permanecemos habitualmente por largos períodos.

Lo mismo puede hacer una marca, no atosigar a su mercado con datos técnicos o promesas insulsas, sino entrar al corazón del clan, proveerle información que lo alimente y de ser posible, convertirse en el líder del mismo. Generar diálogos que además nos sirven de guía y posicionar a nuestra marca como una herramienta indispensable para quienes conforman el grupo.

No es necesario tratar de convencer a todo el mundo que tu producto es lo mejor, porque tu marca ni siquiera es adecuada para toda la gente, sino adueñarte de un nicho e integrar la marca como parte de él. Crear un grupo en redes sociales de corredores, si vendes zapatos tenis, de cultura si eres una librería, y aportar a su desarrollo, ser parte esencial de él.

Nos importan los conceptos, las pasiones, compartir lo que nos gusta con la gente con la que nos relacionamos…y no las marcas sin sabor.

SUSCRÍBETE A LA REVISTA IMPRESA A UN PRECIO ESPECIAL