No existen los buenos clientes y los malos clientes. Tampoco las buenas o malas agencias, aunque a veces lo parezca. Al clasificarnos así, estamos tratando de racionalizar el producto de una relación que es todo, menos racional.

Cuando un anunciante contrata los servicios de un agencia de publicidad (generalmente a través del área de compras), se estipulan SOWs y WOWs que pueden asegurar que el trato sea equitativo o al menos transparente, pero no necesariamente fructífero. En la cotidianidad, esa relación empresarial tan formal se reduce a equis número de personas, de un lado y del otro de la puerta, tratando de hacer lo mejor posible. Esos seres humanos – se llamen Directores o Asistentes, Mercadólogos o Publicistas – son los que hacen que el trabajo de un anunciante + su agencia sea bueno o malo.

Puede sonar muy obvio, lo sé. Pero aún nos cuesta mucho ver que no somos dos entes, luchando por imponer su propia visión. Ya entrados en la dinámica cotidiana, entre briefs incomprendidos y creatividades rebotadas, son pocas las veces que nos detenemos a pensar que “del otro lado” hay una persona con la que podemos diferir en muchas opiniones, formas y/o puntos de vista, pero coincidimos en lo más importante: ambos queremos que todo salga bien. Así que, relajémonos. El enemigo no está en casa.

Visto así, volviendo al inicio, lo que puede ser mejor o peor no es el cliente o la agencia, sino el binomio que conforman.

Lamentablemente, no hay una fórmula infalible para conseguir el fit perfecto (he visto a cientos de medias naranjas hacerse agrias pasando el pitch). Sin embargo, si tuviera que apostar por un ingrediente imprescindible para hacer un gran trabajo conjunto, sería la empatía. Debemos empujar a nuestros equipos a invertir tiempo y ganas en entenderse mutuamente e interesarse por conocer las necesidades del otro, sus capacidades, motivaciones, limitaciones y ambiciones, no sólo como profesionales sino como personas.

Reforzando el lazo humano entre Cliente y Agencia, desarrollamos la confianza y favorecemos la colaboración, que hace que nuestras capacidades individuales se potencien, dejando el terreno fértil para que “la magia” suceda.

SUSCRÍBETE A LA REVISTA IMPRESA A UN PRECIO ESPECIAL