Para toda persona que comienza a trabajar una agencia o en una marca que se dedica al e-commerce, una de las primeras cosas que aprende (al menos como concepto) es el remarketing, estrategia que utiliza las llamadas cookies (segmentos de código para rastrear la actividad de un usuario con fines comerciales) para emitir a través de la red de display anuncios personalizados que conduzcan a la conversión. Sin embargo, esta técnica, considerada por muchos como bastante intrusiva, podría ver sus últimos días, después de que Google informó que ya no permitirá este tipo de tecnología de seguimiento en su navegador, del mismo modo que lo han hecho otros como Safari (de Apple) o Mozilla.

La medida es tomada en gran medida por las fuertes críticas que ha recibido Google respecto al uso, manejo y almacenamiento de los datos de sus usuarios. Basta con recordar la multa histórica que recibió por parte de la Comisión Federal Comercio de los Estados Unidos, cuando se le acusó que su filial, YouTube, recopiló los datos de menores de edad. Aunado a esto, hay un endurecimiento, principalmente por parte de la Unión Europea con el Nuevo Reglamento de Protección de Datos Personales), en el tema del cuidado de la información y el empoderamiento del usuario respecto a la misma.

¿Esta decisión representa un problema para Google? Al revisar los ingresos que ha obtenido a partir de la venta de publicidad (que, según Statista, han ido de 0.07 a 116.32 MMDD), lo primero que viene a la mente de muchos es que sí. Empero, la compañía no tomaría una decisión tan a la ligera.

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