EL PRINCIPADO: Protocolo para el futbol

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Corría el año de 1994 cuando el hoy técnico del América, Miguel Herrera, se le fue a las patadas a un aficionado colado en el estadio de León, que le fue a gritar de todo tras el partido con Atlante, donde jugaba “El Piojo”. Esa trifulca dio lugar a que Herrera no fuera convocado al Mundial de Estados Unidos 94 por el técnico Miguel Mejía Barón.

Dos décadas más tarde, el ya entrenador nacional se le fue a los golpes al comentarista Christian Martinolli en un aeropuerto, lo que causó su destitución como director técnico de la Selección Mexicana.

El último enfrentamiento público de Miguel Herrera sucedió en el reciente partido Pumas – América (que perdieron las Águilas 1-0, el domingo), un clásico capitalino y del futbol mexicano. El entrenador del América fue increpado por un pseudo fotógrafo que estaba en la cancha de CU con todo y cámara en el cuello. El comisario de Pumas le retiró al sujeto la acreditación y lo sacó de la cancha. 

De acuerdo al sitio especializado en deportes Mediotiempo.com, se trataba de un inventado que nada tiene que ver con los medios. Esto es gravísimo: ¿quién lo acreditó, de quién es cuate y por qué estaba en cancha? ¡En cancha! La otra opción nunca descabellada, es que se tratara de una operación pagada por alguien que buscaba desprestigiar al Piojo y exhibirlo para dañar su imagen, y de paso la de Pumas.

Las imágenes más claras son de Azteca Deportes, en las que Herrera reclama al sujeto y le exige que repita frente al Comisario de la Femexfut “que me dijo ‘perdedor’”. El sujeto le dice “perdón” y Miguel agradece que lo retiren del campo. Asunto aparentemente terminado.

En este caso hay que destacar Herrera no se va a los golpes… Ustedes dirán: “Es lo mínimo que se espera de un técnico internacional”, pero para él ese mínimo es muchísimo. Alguien que no se toma nada personal lo habría dejado pasar, pero Miguel Herrera, hizo lo contrario a la violencia física o verbal.

Ahora… tratándose de una personalidad iracunda que necesita sacar el coraje para sentirse mejor, lo hizo de otro modo en la conferencia de prensa, en la que defendió que no es un “perdedor” y acusó a los periodistas de utilizar su privilegio para comportarse como aficionados.

La evidente rabia del técnico se vio reflejada en expresiones como: “gritan cualquier pendejada“, “yo la he cagado y aprovechó para quejarse hasta del veterano comentarista José Ramón Fernández porque llega en camioneta blindada. Aún así, dijo: “no me calenté”. Para una persona de “mecha corta”, cortísima, eso es “no calentarse”, pero para el protocolo más estricto sí perdió de la cabeza al final de cuentas, porque le dedicó más tiempo al asunto que a la conferencia.

Por eso me pregunto, ¿alguien cuida la imagen pública de Miguel Herrera? ¿Tiene un asesor a su servicio provisto por el Club América? ¿Asiste a algún tipo de terapia o coaching pagados por el club? ¿Recibe media trainings exhaustivos por parte de una agencia especializada? ¿Quién lo contiene?

En la serie de Netflix, Club de Cuervos, la estrategia de marketing es parecida a la del América, con su slogan “Ódiame más” y comienzan una publicidad violenta y oscura llamada “La peste negra”. De hecho, en uno de los capítulos, precisamente en la cancha de Pumas, un reportero pagado provoca al técnico, que se le va a los golpes.

Se trata de ficción, pero es sumamente real. Sí pasa y por eso en Europa los técnicos y jugadores no comparten accesos con los medios, sino que son acompañados por elementos de seguridad a sus vestuarios. Los periodistas actuales se quejan de no tener acceso a los jugadores como en los viejos tiempos, pero mientras los clubes sigan acreditando a Juanito Pérez de La Hojita Parroquial y no haya un control estricto de accesos, cada vez será más difícil acercarse a ellos, incluso en conferencias.

La otra arista es igual de importante: los clubes también necesitan invertir en un protocolo de imagen pública para sus jugadores y técnicos, que vaya más allá de los famosos códigos de moral, reglamentos y decálogos que les dan cuando los contratan –y no pasan de ser eso–. Los jugadores y los cuerpos técnicos deben de comprometerse no solo a dar resultados, sino a ceñirse a los protocolos de comportamiento y operación de medios de su marca, que es el club.

Con todo y lo anterior, celebro que Miguel Herrera diera un paso adelante en su conducta al admitir que en el fondo de su alma quisiera quemar Troya, Roma y Constantinopla al mismo tiempo, pero eligió no hacerlo, porque aprendió de los errores del pasado.

El suyo es un caso de estudio para la inteligencia emocional dentro del marketing deportivo que debe aprovecharse, porque deja ver que la Liga MX todavía está muy lejos de la anhelada profesionalización (“europeización”) del futbol a todos los niveles: la imagen pública y el protocolo importan tanto como meter goles.

 

 

 

 

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