Que si contratamos a un profesional de marketing que se dice bueno, debe crear la necesidad de que nos compren lo que ofrecemos.

Pero lo cierto es que ni el negocio mejor armado de talento, con capital para hacer cualquier cosa, con el producto de mejor calidad a un increíble precio va a funcionar si no toma en cuenta al shopper.

Porque estamos en la época en la que quien trae el dinero en la mano exige una razón para dárnoslo y si no, que no le hagamos perder su tiempo.

No me refiero a que todo el éxito resida en este enfoque pero es seguro que si no lo tomamos en cuenta, el riesgo de fracasar es altamente probable.

Y la realidad es que podemos fijarnos metas de cualquier tipo considerando nuestra capacidad instalada en todos los aspectos, pero la demanda sólo la podremos conseguir si entendemos al que nos compra.

Esto es tan sencillo como hacernos dos preguntas y ver si coinciden las respuestas:

  1. ¿Qué vendo?
  2. ¿Qué quieren comprar?

Por más tonto que pueda parecer, partiendo de tenerlo claro, si la respuesta no es la misma en ambas preguntas, tenemos pocas oportunidades al menos en el target al que estamos enfocándonos.

Pero esto no quiere decir que todo está perdido o que estemos destinados al fracaso, pero valdría la pena hacer un análisis antes de apostar todas las fichas en el juego.

Generalmente el éxito de un producto se debe a que resuelve o soluciona una tensión de cualquier tipo de forma única en un grupo de individuos y el marketing que se hace alrededor de éste es para acelerar el proceso de compra, consumo o posicionamiento.

Si no tenemos claro qué vendemos (qué solucionamos), alinear los esfuerzos de mercadotecnia será casi imposible porque estarán basados en la táctica y no en una estrategia enfocada a un objetivo. Y si no sabemos qué quieren comprar, no sabremos dónde hacer nuestras inversiones porque seríamos como un merolico cambiando constantemente de lugar hasta que nos demos cuenta dónde, con quién y cómo nos va mejor.

No se trata de armar todo un negocio para después decir, ya sólo me falta conseguir a alguien que me haga el marketing y esperar a que lleguen los pedidos una vez que esté online la página web. Y que si esto no sucede, el culpable es el que hizo la página o el que diseñó los flyers.

El éxito de un negocio, marca o producto, depende de muchos factores que no sólo tienen que ver con asegurarnos de tener capital suficiente para producir grandes volúmenes de producto sino de que podamos desplazarlo.

¡El marketing no genera demanda por arte de magia!

Tenemos que salir a preguntarle al shopper qué quiere y ver cómo nuestro producto puede solucionar su necesidad. Ese es nuestro hilo conductor para no generar acciones aisladas que convierten una inversión en gasto o que ponen en riesgo la construcción de marca y negocio.

Insisto… ¡volteen a ver al que compra!

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