Parece que fue ayer cuando aparecía en televisión un gran programa, telenovela o serie y todo el mundo la veía. No había muchas opciones, se hablaba de su contenido en todas partes y con la poca oferta de canales televisivos y medios electrónicos, era realmente difícil que pasara desapercibida.

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El poder que tenían la radio y la televisión eran implacables, si tu marca no estaba en ellos, prácticamente estaba fuera de todo. El escaparate se reducía aún más, al concentrar todo el contenido en tan pocas opciones, donde apenas había cupo para toda la publicidad de las grandes marcas.

Así, el principal factor para lograr que tu estrategia fuera realmente masiva, era el presupuesto. El suficiente para poder pagar un espacio en los principales canales o estaciones nacionales, en los horarios con mayor rating. Si contabas con ello, podías respirar tranquilo, pues todo el mundo vería y escucharía tu mensaje.

Hoy, los años y la tecnología han traído mucho más opciones para un público cada vez más plural y selectivo, pero a esto lo acompaña una mayor complejidad para los anunciantes. No basta con asignar un gran presupuesto a un canal en específico o soltar toda la artillería de medios publicitarios al unísono. Crear contenidos exitosos, en sí ya es una labor difícil, pero ahora también es necesario estar en la punta del “Iceberg del Contenido” para ser visible en la superficie. Tenemos un gran abanico de medios electrónicos y miles de opciones que difunden mensajes todos los días. Hay decenas de series, cientos de programas de entretenimiento y miles de anuncios publicitarios compitiendo por nuestra atención.

La mayor parte de los contenidos y anuncios comerciales están en la base del iceberg, ahí donde son vistos sólo por aquellos que casualmente se sumergen en el vasto océano de información y se topan con algunas opciones. Pero cuando nuestros mensajes realmente valen la pena, salen a flote para ser vistos incluso desde la distancia, por miles de personas más.

Pero esto es aún más complicado. Al igual que como sucede en la teoría literaria del Iceberg que señalaba Ernest Hemingway, los contenidos que se arrojan enteros no flotan, sólo aquellos que tienen una base suficientemente grande como para que éstos destaquen y permanezcan arriba, en la punta del iceberg. Una base provista de información de interés general, contenido actual y principalmente oportuno, pero también relevante para al menos, gran parte del mercado. Pero además, un sólido elemento creativo que lo mantenga a flote y no tenga fisuras que lo desquebrajen. En la base se aloja la información que lo debe sustentar, aquella que no se ve, en la punta, lo que llama nuestra atención.

Es cierto que en la mayor parte de mis columnas hago gran hincapié en la calidad y creatividad en los contenidos y mensajes, y es que creo que sin eso no hay nada. De poco sirven los medios, la tecnología, y las mediciones sin un sólido concepto detrás. Aún con todo el avance tecnológico, sigue prevaleciendo la esencia en lo que hacemos. Desde hace miles de años, lo que domina en la cima es el buen contenido, aún cuando sólo se hayan empleado viejos papiros para comunicarlo.

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