Si me dieran un peso por cada vez que escuché la frase “Es por el bien de la empresa” quizás me alcanzaría para comprar un libro de Business for dummies.

Muchos dueños, directores y líderes de empresas creen que el negocio está ante todo, porque piensan que si su proyecto no es sostenible económicamente en el tiempo no tiene razón de existir. Siendo prácticos, tienen razón. Para que exista una empresa, tiene que haber un capital. Y para que alguien quiera invertirlo, en general se requiere un negocio con posibilidades de multiplicar dinero. Por ende, cualquier cosa que ponga en peligro o limite la rentabilidad de esa inversión es dañina y debería ser modificada: procesos, estructuras, producto, proveedores. Gente. “Por el bien de la empresa”.

Uno de los cambios más grandes que he tenido en mi vida profesional, sucedió a partir de que dejé de llamar “Empresa” a nuestra agencia y empecé a llamarla “Organización”. Suena tonto, pero en mí hizo una gran diferencia.

Google nos dice que una empresa es una “entidad en la que intervienen el capital y el trabajo como factores de producción de actividades industriales o mercantiles o para la prestación de servicios”. Mientras que una Organización se define como “un grupo de personas y medios organizados con un fin determinado”.

La diferencia entre ambas no reside en que una es simplemente una definición más romántica. De hecho, una Organización también puede tener un objetivo netamente comercial, siempre y cuando ése sea el fin determinado del grupo de personas que la conforman. La clave está en la inclusión del factor humano como base de un negocio: las personas dejan de ser el vehículo para convertirse en la razón.

Ahora que las economías se colapsan y muchas empresas estarán luchando por su propia subsistencia, sus líderes tendremos que tomar decisiones importantes, sin la certeza de que sean las mejores. Pero creo que tendrán muchas más posibilidades de ser las atinadas si las analizamos desde el punto de vista organizacional. Mientras las acciones que emprendamos sumen al propósito acordado con toda nuestra gente, en línea con la filosofía y valores que buscamos inculcarles todos los días, estaremos actuando bien, aunque algunos no compartan.

Sí, por el contrario, el mejor argumento que tenemos para soportar nuestras decisiones es “Es por el bien de la empresa”… Buena suerte con eso.

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