Tal pareciera que el sueño platónico de cualquier marca es desenvolverse a placer, en un ambiente libre de competencia. Ser la elección única y fijar sus precios sin evaluar antes el mercado. Pues bien, en realidad, la competencia empresarial no es más que un detonador de calidad, buen servicio, crecimiento e innovación. En el ámbito de la comunicación Below The Line, es además un factor indispensable no sólo para el desarrollo, sino para la simple supervivencia de la industria, ya que sin competencia la mercadotecnia pierde su valía.

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Pongamos el clarísimo ejemplo de países o ciudades donde una marca o compañía carece de competencia directa, en tales monopolios los precios suelen ser altísimos e innecesarias las promociones, descuentos y si me apuran, hasta el buen servicio. Por tanto, tampoco se echa mano de la mercadotecnia y la comunicación, ni ATL, ni BTL.

Más aún, una buena competencia, es decir, una compañía que hace bien las cosas, que cuenta con una planeada campaña de marketing, una buena imagen y una adecuada estrategia tanto on-line como of-line, motiva a que sus competidores realicen mercadotecnia con mayor calidad y más esfuerzos para competir en su industria. Esto representa más trabajo, mayor empeño y por supuesto, mayores oportunidades para quienes nos dedicamos a la comunicación BTL.

Por si esto fuera poco, la comunicación que establecen las compañías con sus consumidores, genera un diálogo, una conversación donde una marca habla y la otra contesta, el consumidor recibe el mensaje pero también contesta y dialoga con las marcas. Y como pasa en los grupos de gente donde se presenta una charla, cada cual va tomando un lugar. Está quien toma el liderazgo de la discusión y sienta las bases, quien replica, y hasta aquella marca tímida e insegura que simplemente se queda callada al no saber qué responder, o la inteligente que responde en el momento preciso y de la forma adecuada. Están también, al igual que como sucede con grupos de personas, las marcas confiables y las aduladoras, las que prometen y no cumplen y las que comunican con los hechos o las que simplemente nos sorprenden con su ingenio.

La competencia nos incita a entrar en ese apasionante diálogo y tomar un roll. La marca construye su personalidad por cómo se ve, por lo que comunica y por ende, por cómo la percibimos, pero también por cómo interactúa con el consumidor, sus similares y su entorno. Así que, bendita competencia, que nos impide jugar solos y nos incita a innovar y desarrollarnos, tanto en nuestra comunicación, como en la esencia del propio producto o servicio. ¿O no?

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