Por: Félix Ríos
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Antes de empezar quiero agradecer al equipo de InformaBTL por la confianza que me dieron al donarme generosamente esta columna. Debo confesar que al principio me emocioné, pero después me paniquié por el miedo a hacer el ridículo. Gracias a que recientemente tomé un curso de superación personal en el que me enseñaron a convertir mis miedos en oportunidades, esta columna la dedicaré al ridículo.

Nota: Lo del curso de superación personal es broma.

Quisiera hablar de lo ridículo porque recientemente en una clase que impartí surgió el tema del ya tan famoso“Gangnam Style”, ya saben, el gordito surcoreano que a través de un baile estúpido se ha convertido en uno de los más recientes fenómenos virales. La pregunta precisa de los alumnos era: ¿Podrá aprovechar alguna marca el“Gangnam Style para hacer algo aplicado al BTL? (me imagino que ya están pensando en activaciones tipo flash mob).

Sin duda este fenómeno viral adaptado a alguna propuesta BTL podría generar atención e incluso recordación, pero si reflexionamos acerca del éxito de este fenómeno, nos daremos cuenta que el elemento vital del video es la ridícula actuación de Park Jae-Sang (así se llama el gordito), por lo tanto, mi pregunta de regreso sería: ¿Realmente una marca quiere hacer el ridículo con tal de llamar la atención? Es obvio que la creatividad en los medios BTL es un elemento esencial para su éxito, pero ojo, creatividad no significa simplemente arrancar una carcajada y por lo tanto llamar la atención, se trata de generar conexiones tan fuertes con el consumidor que como consecuencia lo atrapen con un mensaje agradable y efectivo.

Por lo tanto, aprovecharse de un hecho cómico no me parece muy creativo y podría ser un poco peligroso si lo divertido proviene de la ridiculización; me recuerda al clásico compañero de la escuela que hacía lo que fuera por llamar la atención.

Por favor no crean que tengo gorditofobia o que ya estoy hasta la progenitora de la tonadita y el bailecito de Park Jae-Sang, simplemente no me gustaría ver que las marcas empiecen a utilizar el hecho de hacer el ridículo como camino creativo.

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