El título de esta columna, que en principio parece chusco, paradójicamente también suena coherente, teniendo como antecedente los deficientes mensajes propagandísticos en nuestro país.

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Quizá, sea exagerado llamar “enemigos” a quienes realizan las campañas propagandísticas de nuestros políticos, pero ¿cómo explicar entonces una serie de tan desafortunados mensajes en los medios de comunicación tanto ATL como BTL? ¿Cómo es posible que TODOS los anuncios sean tan malos si existen buenos profesionales en nuestro país? ¿Acaso a los profesionales de la comunicación no les atraen los jugosos presupuestos de los partidos políticos? ¿Quiénes hacen su publicidad son en realidad “compadres” o “allegados” que poco tienen que ver con el conocimiento de la comunicación e incluso, del adecuado uso del lenguaje? O quizá, ¿se trata en realidad de una confabulada venganza o un complot de los propios políticos, para martirizarnos con una fuertísima oleada de contenido desagradable, justo en los momentos que pretendemos destinar a la recreación y el entretenimiento? Hemos llegado a pensarlo todo, desde aquellas teorías que suenan lógicas, hasta las más dantescas y descabelladas.

Lo cierto es que, el gran problema de comunicación surge desde la raíz, o mejor dicho, a falta de ella. Al igual que como sucede con los ebrios, cuando no se tiene claro que vamos a informar pero deseamos hacerlo en el acto, llevamos el implícito riesgo de comunicar sandeces. Pero si a la carencia de un contenido claro y propositivo le sumamos el afán de pretender divulgarlo desde el lenguaje y estilos de una boca ajena, en lugar de emplear un lenguaje y estilo institucionales, propios de un partido político e incluso, de una persona que pretende representar a una sociedad global y no solo a un nicho, entonces nos sumergimos más para tocar el ridículo.

Dicho de otra manera, cuando no tenemos nada de qué hablar sobre nosotros, hablamos de los demás, cuando hablamos mal de los demás, es porque nos sentimos amenazados, y cuando empleamos un lenguaje que no es el propio, sino el de los demás, es porque carecemos de una personalidad. Entonces es cuando no sonamos a nosotros mismos y más aún, nos notamos falsos. Pero además, cuando una institución o grupo político emplea un lenguaje soez, no sólo proyecta poca seriedad, sino también, pone en tela de juicio su educación, capacidad e imagen.

En fin, ojalá los asesores de imagen y comunicación de nuestros políticos puedan hacer algo al respecto, me duele ver como esos fuertes presupuestos destinados a propaganda y alimentados por nuestros impuestos, sólo han servido para corroer más la imagen de la política mexicana y todos sus partidos.

Sólo algunos ejemplos de los peores spots políticos:



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