Ayer que fui a la tiendita de la esquina, me di cuenta de algo; los grandes comercios muchas veces deberían de imitar a los pequeños.

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Los negocios pequeños, casi siempre familiares se esfuerzan por dar el mejor servicio al cliente y sin darse cuenta crean una experiencia de compra que a muchos comercios globales les ha llevado años de estudio y la contratación de los mejores mercadólogos.

Y es que normalmente en este tipo de negocios conocen nuestros gustos y preferencias, nos hacen recomendaciones, nos dan crédito, nos sonríen, nos hablan por nuestro nombre y lo más importante, nos escuchan, situación que nos hace sentir importantes y no como un cliente más.

A pesar de que esta estrategia podría parecer muy sencilla son sólo pocas las empresas que la han sabido replicar, como es el caso de Starbucks, cuya filosofía principal es hacernos sentir como en casa. De hecho Starbucks quiere lograr posicionarse como el tercer lugar en que pasamos más tiempo, tan solo después de la casa, oficina y/o escuela.

Son muchos los empresarios de alto nivel que se encuentran aislados en sus escritorios, incapaces de crear una conexión real con la gente a la que le venden sus productos, y peor aún, muchos no compran o consumen los productos que venden.

Cada uno de los empleados debe de poder transmitir los valores de la marca a los clientes; desde el director general hasta la recepcionista, los trabajadores deben de formar parte de la marca y convertirse en embajadores de la misma o como se dice comúnmente“ponerse la camiseta” velando por los intereses y filosofía de la empresa y no ser únicamente personas preocupadas por sus propios intereses, vacaciones y quincenas.

La atención al cliente es el elemento principal para poder crear una buena experiencia de marca, ya que si la experiencia de compra es negativa los consumidores difícilmente regresarán al negocio.

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