Latinoamérica es una región de contrastes, postales y culturas que brinda a los viajeros un amplio abanico de parajes por descubrir, recorrer y disfrutar. Estas características del continente atraen año a año a los más exigentes viajeros.

Entre 2011 y 2015, el segmento de los viajes de lujo registró, en términos de vuelos realizados en primera clase o business, una tasa de crecimiento anual compuesto (TCAC) del 4,5 %, que contrasta con el 4,2 % del resto de la industria.

En cuanto al perfil de estos viajeros,  el deseo de los consumidores por vivir esas experiencias conduce al aumento de la demanda de los viajes de lujo. según un estudio de Shaping the Future of Luxury Travel.

El estudio pone en evidencia que la industria de los viajes a nivel global está creciendo incluso más rápido que el producto interno bruto mundial, y en él se destaca que el segmento de los viajes de lujo lo hace aún más rápido, algo que no nos debería sorprender considerando que los consumidores esperan que sus viajes sean cada vez más gratificantes y suntuosos, con consumidores globales cada vez más empoderados y con un mayor poder adquisitivo.

Un ejemplo nos puede situar mejor en el contexto de la proliferación que ha tenido el lujo en el turismo. Hasta hace no mucho, los spa solían asociarse con lujo de gama alta; ahora son prácticamente obligatorios en cada hotel de cuatro estrellas, por lo tanto, es imperativo “elevar el nivel” de servicio y durante un período relativamente corto de tiempo.

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