Siempre me ha fascinado el diseño editorial. Si un lector tuviese idea del tan aguerrido proceso para publicar un libro, seguro sería mucho más benevolente con todo lo que un libro implica, más allá del contenido.

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La información tiene muchísimo valor por sí misma; sin embargo, un mal formato puede hacerla cansada, difícil de leer o de digerir.

El diseño editorial es mucho más que una especialización. Es entender una gran gama de información, reticularla, diagramarla y vaciarla dentro de las cajas de texto predeterminadas con características muy peculiares.

Y así estimado lector, es imposible diseñar en Word.

Sí, literal imposible. Y esto se puede entender si entendemos la historia: primero, los tipos móviles de la imprenta, se posicionaban uno a uno para formar la página completa (personalmente creo que aquí fué donde nacieron los términos exquisitos como: viuda, rata, etcétera); con la evolución de las imprentas y la automatización del proceso, siglos más tarde, los libros ya se armaban por pliegos; cuando comenzaron a integrarse gráficos o fotografías dentro del proceso, se insertaban por separado… hoy el proceso es tremendamente amigable, pero el diseño editorial no ha perdido su espíritu: integrar cada página como única buscando integrar la comunicación con el diseño y evidentenmente, el contenido.

Entiendo sin duda, que la tecnología ha acercado a tantas personas a diferentes procesos que los usuarios quieren “diseñar” en cualquier programa que pueda capturar texto. Entiendo también que hoy por hoy, publicar un libro electrónico sea mucho más fácil y mucho más enriquecedor para la sociedad, empero: ¿por qué no hacerlo bien? ¿por qué no recurrir a un diseñador editorial?

Y ni qué decir de las revistas gratuitas que no entienden el valor de tener un diseñador editorial y sacan tirajes enteros con errores garrafales.

Por otro lado, el diseño editorial ha tenido muchísimo estudio y aplicaciones. Una de las ramas que más me gustan es la poesía concreta. Utiliza el diseño de las letras y las cajas para comunicar un mismo sentido con el texto. Aquí les dejo dos ejemplos de cuando el diseño editorial, forma un todo y comunica.

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