¿Será que como requisito indispensable para formar parte de este gremio, previamente tendrás que tomar algunos cursos de meditación y de yoga para programar tu mente ante las constantes y complicados retos de este tipo de trabajo?

Y es que esto es como un gran filme de acción y drama; sobre todo cuando te pones a pensar en la gran emoción que surge al término de una gran presentación para un cliente, en la que se invirtieron no solo largas horas de trabajo e intensos “peloteos” de todo un equipo donde todos pusieron a trabajar su mente a todo vapor para crear una idea magistral a partir de un brief -en ocasiones terriblemente estructurado por el cliente-, para después continuar con los visuales, el arte y los contenidos que darían paso a las activaciones, la convocatoria de medios, el media kit, el media map… y todo aquello que unido llevaría a detonar una marca que quizás estaba en olvido y que ahora, gracias a esta genial idea llena de sustancia y creatividad, el cliente podrá reposicionar y lograr un retorno de inversión inesperado.

Como si fuera una película al estilo Western, con cachetada de guante blanco previo al encuentro con él, las dos partes están listos para desfundar sus mejores armas. Con los mejores calibres sacamos del bolso la lap y ellos su libreta y su pluma. No hay sonrisas… son de esos clientes que no les sacas ni una risa tratando de romper el hielo para reducir los nervios típicos de un pitch grande para un cliente grande.

El acto se exhibe como unas de las mejores actuaciones de la agencia y al final de la presentación se logra obtener una ligera mueca de complacencia a manera de La Mona Lisa, esperando escuchar la palabra mágica que todo dueño de agencia espera: “¿Dónde firmo?” Sin embargo, aparece el disparo del contrario acertado y eficaz directo al corazón con la frase: “Su presentación está incompleta porque no veo los precios”.

El tiro de gracia puede ser directo al cerebro cuando no entiendes ¿por qué los clientes no han aprendido que a partir de una gran idea se desprenden diferentes alternativas que pueden mejorar la oferta para entonces en equipo definir los costos y adaptarse ambas partes para dar paso el proyecto.

Honestamente creo que es necesario, y una vez más lo digo, disminuir un poco la soberbia de quienes tienen el poder de las marcas en sus manos para que dejen de destruir con un solo pitch fulminante las propuestas de quienes se rompen la cabeza día con día frente a la computadora.

 

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