El día que nos estorbamos unos a otros

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El mes de diciembre de 2017 me dediqué a viajar, por lo que pude ver mucho BTL en los destinos turísticos de país. Situación que me llena de mucha alegría, por el aprovechamiento de este recurso publicitario, pero que a la vez me hace un poco de ruido, porque parece una condición nacional, el que funcionando algo, se replica tipo clon.

Como ya he comentado, los letreros son un instrumento de geomarketing, que ayudan a difundir los destinos por medio de letras e insignias monumentales, el acierto ha estado en colocarlos en lugares de flujo continuo, como plazas, al pie de atractivos turísticos o incluso al interior de teatros, centros de convenciones, parques y museos.

El punto negativo es cuando no se tiene muy claro que la calidad es una prioridad en la estructura de las letras, además del diseño y color de las mismas. En pro de seguir la moda, algunas ciudades han hecho versiones muy austeras, ocasionando que los anuncios en lugar de ser objeto de fotografías, sean cuestionados en las redes, así como bestializados de forma física.

Otra acción que es de mis favoritas, es una que mezcla el arte con el marketing, logrando intervenir las calles, edificios y monumentos con exposiciones, performance y presentaciones. Lo anterior le da vida a los destinos, invita a los turistas y locales a compartir la experiencia de manera oral y por medio de las plataformas online.

Por último, una herramienta tanto discursiva como operativa que les recomiendo, es explotar la identidad de las ciudades, consígalo a través de su folclor, gastronomía, música, arquitectura, danza y personajes.

Cerré el año en Guadalajara, estando por allá decidimos ir a Tlaquepaque y Tonalá, ambos municipios con visiones de buscar desarrollo por medio de aspectos comerciales, ambas con acentuados rasgos y atributos, pero siendo muy claros, Tonalá sucio y sin orden, con una amplia área de oportunidades, su identidad se basa en el comercio improvisado, en la prestación de servicios al turista muy básicos, mientras que Tlaquepaque, ha sabido aprovechar el toque provinciano a su favor, para darle a los visitantes esa experiencia pretenciosa de querer estar ahí, ya sea por su cerámica y obras, por los cafés y restaurantes, o simplemente por recorrer la plaza mientras se disfruta de un elote.

En los puntos anteriores tuve una regresión a esa ocasión que estuve en el museo Louvre, ahí en pleno acto de contemplación de la Mona Lisa, me di cuenta que llegamos al punto en donde nos estorbamos unos a otros. En donde el  BTL esta haciendo que todos deseemos las activaciones, los letreros y la foto en la calle del pueblito, aunque para ello dejemos de disfrutar la estancia. Estamos viviendo turismo de trofeos, de estampas, sellos y coleccionismo fotográfico.

Dentro de mis historias de Instagram (ArturoGonzalezSalas), comenté que las personas de Jalisco tienen un nivel de atención digno de replicarse en todo el país,  pues además de la amabilidad, se encuentran disponibles para ayudar y hacer su chamba. Cerrando esta serie de piropos, imagínese usted, que en medio de la escena que le planteé de la Gioconda, en el letrero de Guadalajara que esta ubicado a unos pasos la Catedral, las personas hacían una respetuosa fila para fotografiarse, prestando apoyo de manera secuencial para conseguir la captura.

Por lo anterior, lo que debemos evitar en el BTL es entorpecer el transito de las personas, es destruir las ciudades (edificios y monumentos patrimoniales), debemos evitar a toda costa dejar sitios sucios después de las activaciones, pues es tarea de los que hacemos marketing idear publicidad alternativa que incluya acciones en donde no nos estorbemos unos a otros.