Corporate Wellness, un fracaso cuando no se sabe dirigir correctamente

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Hoy en día ya son muchas las empresas que buscan crear una cultura de salud y bienestar mental para incrementar su productividad y mejorar la calidad de vida. Por fin, han entendido que uno de los problemas más graves para los corporativos es la salud mental: la ansiedad y la depresión.

Se estima que mundialmente estas enfermedades han dejado una pérdida de más de un trillón de dólares por la falta de motivación del personal, así como el exceso de cansancio y la fatiga que los desgasta y enferma continuamente. Pues claro, se les había olvidado un poquito también son seres vivos.

¿Qué ha pasado en las empresas?

En los últimos 10 años, personas como yo (coach y mentor corporativo) nos hemos dado la tarea de recordarles lo gratificante que es reconocer a los empleados y llevarlos a otro nivel. Ya se han empezado a implementar diferentes programas de Salud Corporativa, todos con el mismo objetivo; tratar de mejorar el bienestar integral del empleado por medio de planes de salud y nutrición; ejercicio físico y mental. Les han puesto un chef en sus oficinas, un doctor, algunas empresas hasta masajistas. Lanzan comunicados internos todos los días con los mejores tips de salud, apps para reducir el estrés. Les ponen el gym abajo para que en unos cuantos pasos estén ahí. Han hecho de todo y sin embargo, no ha tenido el éxito esperado, se han gastado millones para tratar de acabar con un problema desde la forma y no desde el fondo, porque lo único que no han hecho, es estudiar a sus empleados desde un enfoque BIO-PSICO-SOCIAL.

¿Por qué ha fracasado el Corporate Wellness?

Corporate Wellness ha fracasado porque no tomó en cuenta la cultura del detractor, ni como funciona el inconsciente colectivo; todas las empresas la sufren pues tiene que ver con la idiosincrasia del mexicano, pero también con el modelo educativo neoliberal que se implementa en todo el mundo, generando empleados que trabajan por obligación y no por un desarrollo personal; resentidos con sus jefes y la sociedad por no tener las mismas oportunidades.

Ha fracasado porque no han entendido el proceso cognitivo que lleva derrumbar un paradigma tan grande, y cómo el mismo inconsciente hará todo lo posible por arraigarse a éste.

Ha fracasado porque no toman en cuenta cómo funciona el cerebro, afectando todas las conductas de sus empleados, desde el estrés que genera un neurotransmisor que no permite nuevas conexiones sinápticas. Hasta la depresión que puede tener síntomas silenciosos y ocasionar problemas más graves.

¿Qué hay que cambiar?

Pero entonces, ¿qué tenemos que hacer para cambiar ese paradigma y poder crear programas de bienestar en las empresas? Obvio se necesita más que una estrategia superflua que sólo genere más enojo y resentimiento, porque la mayoría de los empleados entienden que ese gym y ese chef, sólo están para tapar el sol con un dedo, porque no resolverá sus verdaderos problemas, sólo cubrirá ciertas necesidades para que ellos puedan seguir produciendo y haciendo más rico a alguien más que no son ni serán ellos. Se necesita visualizar un plan que cubra los siguientes puntos:

Primero, emplear estrategias que se orienten a los tres ejes del ser humano, entendiendo su biología, su psicología y su contexto social. Es multifactorial, no podemos perder de vista ninguno de sus lados. Si lo hacemos, el programa está condenado desde su comienzo.

Sé que es difícil pero la idea de fomentar una cultura de la salud en los empleados desde una visión intrapersonal y no laboral es crucial. Es decir que, no lo hagamos con el objetivo de recibir más de su parte para obtener más dinero, sino desde un sentimiento fidedigno de cuidar a la gente que nos rodea y nos deja mucho. Para lograrlo tenemos que generar una consciencia humanista, basada en la necesidad del empleado a ser visto y reconocido desde las cabezas más altas.

Para que el doctor, el nutriólogo, masajista, etc., sean una inversión y no un gasto, debemos encaminar al empleado a un nivel de consciencia elevado donde se ponga a él o ella como prioridad. Así que antes de todo el staff anterior, les vendría mejor un psicólogo, que aunque es poco normal, es mucho más efectivo.

Alentar al empleado a la búsqueda de una condición de calidad superior a la actual desde el lado familiar.

Comunicar asertivamente un sentimiento de empatía hacía su vida y su desarrollo. Alentarlo y darle opciones para que busque pasar más tiempo con su familia que en la oficina, es mucho más empático que cualquier otra medida. La mayoría de los empleados procrastinan en exceso durante su estancia en la oficina (la próxima semana les platicaré más de este tema), si los ayudamos a ser más productivos con la promesa de que podrán llegar a casa a jugar con sus hijos y no sólo a verlos dormir, haremos magia, no necesitaremos paliativos, tendremos el verdadero método.

Por supuesto que tener un espacio de trabajo divertido, donde el trabajador vaya con gusto y por convicción emocional y personal y no por una remuneración económica es nuestro principal objetivo, así como estar rankeada como una de las mejores compañías para trabajar, y ambas son posibles pero sólo si día con día logramos consolidar acciones permanentes de mejora, basándonos en la percepción de nuestros colaboradores, integrando planes de acción específicos por área; reforzando el entorno y las condiciones personales de todos los que integran esa familia, permitiéndoles generar ese desarrollo interpersonal que potencialice el bienestar emocional de todos sus integrantes.

 

 

 

 

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