¿Cómo poner a bailar al hipopótamo?

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¡Pero si los hipopótamos no bailan! A ver, pregúntenselo a Walt Disney en su película Fantasía… (no me digan que no la han visto -tache cultural-) y si ese gran genio de la imaginación y la innovación fílmica de su época en los dibujos animados lo pudo hacer y lo demostró, por qué nosotros no lo podríamos realizar en nuestros días.

¡Pero si los hipopótamos no bailan! A ver, pregúntenselo a Walt Disney en su película Fantasía… (no me digan que no la han visto -tache cultural-) y si ese gran genio de la imaginación y la innovación fílmica de su época en los dibujos animados lo pudo hacer y lo demostró, por qué nosotros no lo podríamos realizar en nuestros días.

Con el título de esta columna me refiero a una conferencia que me gusta impartir sobre cómo analógicamente todos tenemos un “hipopótamo” dormido en nuestro cerebro: el hipotálamo; es una región nuclear del cerebro y es la más importante para la coordinación de conductas esenciales, vinculadas al mantenimiento del individuo. Regula la liberación de hormonas de la hipófisis, mantiene la temperatura corporal, y organiza conductas; como la alimentación, ingesta de líquidos, apareamiento y agresión. También es el regulador central de las funciones viscerales autónomas y endocrinas. Pero por encima de todos estos tecnicismos médicos, me gusta pensar (e imaginar creativamente) que al estar “echado” sin actividad, las ideas tampoco cobran vida. Luego entonces, hacer bailar al “hipopotálamo” representa en un mundo mágico, la generación de los pensamientos y acciones creativas del ser humano. Concédanme esa libertad analógica… gracias.

Y siguiendo con la premisa de “poner a bailar” lo anquilosado, estático, inerte, repetitivo y común de algunas ideas publicitarias, los invito a descubrir los 4 Gimnasios de la Creatividad; vamos a poner a calentar las “carnes frías” y darles vida generando campañas sorpresivas, recordables y al servicio de una poderosa diferenciación ante la competencia. Los mejores ejemplos nacionales que recuerdo (y admiro) son Gandhi, Bachoco, Jumex, Palacio de Hierro (éstos dos últimos en su mejor época, hace algún tiempo); dichas verdaderas campañas de publicidad nos remiten a destacados personajes, entre los que señalo a Pepe Montalvo y Ana María Olabuenaga.

¿Y cuáles son esos gimnasios (virtuales) a los que deberíamos asistir al menos una vez y unos minutos al día?

1.- El Gym Auditivo Musical; hay que saber escuchar (no sólo oír) el mundo (radio, conciertos, voces, sonidos y ruidos, etc.), disfrutar ese sentido que a veces perdemos y olvidamos.

2.- El Gym Icónico Kinésico; hay que observar (no sólo ver) el mundo (televisión, cine, videos, teatro, museos y exposiciones, tomar fotos, etc.), saborear este otro sentido con calma y concentración.

3.- El Gym Verbal Textual; hay que leer (no sólo hojear) el mundo (libros, revistas, periódicos, sitios web, etc.), perderse en el placer de la lectura.

4.- El Gym Ambiental Vivencial; hay que aprovechar (no sólo estar dentro) el mundo (experiencias, alegrías, sinsabores, emociones y sentimientos, etc.), aprender de la vida misma y sus eventos cotidianos.

Como dice un adagio:

“Sueña como si fueses a vivir para siempre y vive como si fueses a morir mañana”.

Alguna vez escuché en una extraordinaria película llamada La Sociedad de los Poetas Muertos la frase que marcó mi vida y se convirtió en mi slogan personal: CARPE DÍEM. Se los dejo de tarea y de reto personal. Gracias y hasta la próxima…

 

 

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