El Síndrome FOMO: ¿eres víctima o victimario?

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Aquí estamos. Sobrevivimos al Gran Fin, al Black Friday, al Cyber Monday y todavía nos falta sobrellevar la oleada navideña. Haz una pausa, respira hondo y entérate de que trata el Síndrome FOMO para afrontar sabiamente a las próximas ofertas que están por caerte.

Como a la inmensa mayoría, confieso que a mí me ha pasado. He sufrido el síndrome FOMO (“Fear of missing out”, que puede traducirse al castellano como “miedo a perderse una oportunidad”). Se trata de una ansiedad que se ha amplificado con el uso de la comunicación comercial en dispositivos móviles y redes sociales. Un efecto que es bien aprovechado por el marketing para vender en un período corto de tiempo, generalmente con la promesa de una gran oportunidad efímera o el ofrecimiento de beneficios adicionales por un tiempo muy limitado.

He tenido esa ansia de aprovechar una oferta fugaz de Cyber Monday y también, he empleado mensajes con un call to action cimentado en dicha premisa.

Es una práctica muy común, principalmente en disciplinas como el Inbound Marketing, en el que se le conoce como la “creación de escasez” o estrategias de “exclusión” y se usa mucho principalmente en las estrategias de “lanzamientos”. También es frecuente en la comunicación de las redes sociales, email marketing, de manera obvia en los infomerciales e incluso, bien conocida en el punto de venta.

El síndrome de FOMO es también más común en las redes sociales gracias a su inmediatez y a los períodos de vigencia tan breves de la información que en ellas se vierte. Experimentamos una ansia causada por los mensajes publicitarios que nos hacen creer que debemos viajar con mayor frecuencia, que nos merecemos ese súper spa, que necesitamos cambiar nuestro dispositivo celular ¡ya!, que nuestra computadora ya es obsoleta, que siempre necesitaremos una pantalla de televisión más grande, que debemos conocer el bar, restaurante o centro comercial que está de moda, que tenemos que adquirir el nuevo iphone si realmente nos consideramos geeks tecnológicos.

Pero va más allá, es además el temor de no contar con el producto o la vivencia que nos hará parte del segmento “elegido” y nos separará del grupo “mediocre u obsoleto”. Tenemos que justificar, al menos en las redes, que no somos más del “montón” y estamos donde los “triunfadores” tienen que estar.

El año antepasado que acudí al Gran Premio de Fórmula 1, me sorprendió ver a más gente tomándose selfies y publicándolas en sus redes, que viendo las carreras. Lo importante era demostrar que eran parte de esa selecta tribu que estaba ahí.

Así que ahora que hemos respirado hondo y mantenido la calma, vale la pena cuestionarnos: ¿Realmente es algo que necesito? ¿Lo compraría aún sin una promoción tan atractiva? ¿Lo requiere mi autoestima? ¿Es algo que beneficiará mi vida de manera significativa?

Como profesionales del marketing, identificar si ese texto persuasivo que nos orilla a tomar una decisión de compra ¡ya!, está delante de una verdadera oportunidad para invertir nuestro dinero o nos dejamos llevar por la urgencia de no dejar pasar esa “oportunidad” (FOMO) e incurrir en otro gasto superfluo.

 

 

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