Se acerca uno de los días del año más importantes en temas de marketing: el día del amor y la amistad. Una fecha en la que oficialmente es válido abrirse a las emociones.Qué locura se vive el 14 de febrero cuando los restaurantes están a tope de reservaciones, las florerías no se dan abasto, los hoteles están a su máxima capacidad y no se encuentran chocolates por ninguna parte.


Las ventas se incrementan 35% en promedio este día y año con año aumentan alrededor del 10% porque no queremos perdernos de esta experiencia. Poco a poco, estamos permitiendo que las emociones ganen terreno en la industria del marketing y no podemos negarlo, pues nos hemos dado cuenta que si no hay amor, no hay ventas.

Aunque estos temas parecieran ser como agua y aceite, la realidad es que son la pareja perfecta. El secreto para que esta fórmula funcione es aceptar que como shoppers estamos impulsados por las emociones y por el imperioso deseo de vivir una experiencia que nos haga sentir algo.

Nuestras motivaciones van más allá de la simple satisfacción de una necesidad básica.

shopper

A mediados de los 70’s, Gary Dahl, un ejecutivo de la industria publicitaria se hizo millonario en 6 meses vendiendo piedras. ¿Qué tienen que ver las piedras con las emociones? ¿Por qué alguien querría comprar una piedra en 3.95 dólares que a Gary le costó 1 centavo de dólar o que podemos encontrar gratis en cualquier paisaje?

Vender piedras no hubiera sido un éxito si Gary hubiera dejado de lado la emoción que una mascota representaba para sus dueños.Una mascota escucha, no se enoja con nosotros, no nos juzga, nos da la seguridad de que no estamos solos y podemos demostrarle nuestros sentimientos sin salir heridos.

Pet Rock se convirtió en una experiencia única. El empaque del producto y su manual de adiestramiento resultaban cómicos al considerar que era una piedra y no un ser vivo, pero hicieron de esta idea un negocio altamente rentable.

Gary se hizo millonario vendiendo piedras porque captó la necesidad de la gente de sentir emociones. En realidad no vendía una piedra, sino todo lo que una mascota representa para ellos.

¿Flores, chocolates, una invitación a salir, un mensaje de texto inesperado en este día del amor y la amistad? Probablemente muchos vivamos a disgusto esta celebración, pero será imposible resistirnos a la emoción si cualquiera de estas cosas aparece día sobre nuestro escritorio.

Y no olvidemos sonreir. Tal vez esta es la motivación más grande que tuvo quien compró todo esto para nosotros.

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