Sentidos y emociones, dos ingredientes de una Lovemark

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14 de febrero, una fecha celebrada en varios países del mundo, un día en el que el consumo está en su máximo apogeo y las muestras de afecto reinan por todos lados.

Y al tratarse de celebración especial, qué mejor motivo para hablar de dos elementos clave que toda Lovemark debe tener y así enamorar al target.

Para que una lovemark sea concebida como tal debe contar con el factor emocional, es decir, hacer que el cliente no sólo compre productos, sino que mantenga una relación con la marca, al punto de hacerse indispensable en su día a día, trascendiendo así más allá de la compra.

Sentidos

Cuando una marca recurre a una activación en un centro comercial e invita al target a degustar un platillo, a probar un nuevo vino, a utilizar un sillón que puede darte un reconfortante masaje mientras lees una revista, a estar en una cafetería escuchando música agradable y recibiendo una atención excelente, nuestros sentidos están activos todo el tiempo, lo que permite que una marca y sus productos permanezcan más tiempo en nuestra memoria.

Cada vez que una persona activa sus sentidos, es más probable que su memoria almacene esos momentos importantes o que tuvieron un significado importante, de ahí que las marcas apuesten por utilizar recursos no convencionales o BTL para despertar los 5 sentidos del consumidor.

Experiencia

Ambos conceptos guardan una relación estrecha, ya que con los sentidos listos en todo momento, tener una experiencia grata que desaten emociones placenteras harán que, como cliente, sentirse identificados con una lovemark sea mucho más sencillo y así la lealtad se prolongue por un largo tiempo.

Brindar una experiencia al cliente implica conocerlo a detalle, saber qué lo muevo, qué lo motiva a pararse frente al anaquel y elegir tus productos, qué busca y dese obtener de tu marca, más allá de algo tangible. Sabiendo esto, las probabilidades de empatizar con el consumidor, interactuar directamente con él y estar siempre en su mente, serán mayores.

Las lovemarks varían en función de sus valores, filosofía, forma de comunicar o por la historia que los consumidores tienen con ellas. Pero al final, cada una de ellas logra algo muy valioso: fidelidad de sus clientes.