En su fantástico cuento Funes el memorioso, el genial escritor argentino Jorge Luis Borges relata la historia de Ireneo Funes, un hombre que, luego de golpearse la cabeza, queda condenado a tener una memoria infinita.

Describiendo la increíble memoria del personaje, esto escribía Borges en su cuento: “Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del 30 de abril de 1882 y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho… Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: “Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo”.

Ya al final del cuento, y refiriéndose a su personaje, la voz del relator (el mismo Borges), dice: “Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar las diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos”.

Terminando de releer este cuento (no recuerdo exactamente cuántas veces lo leí, no soy Funes), por algún motivo hice una analogía con lo que cotidianamente nos sucede con Google como una de las fuentes más importantes (sino la más), de donde extraemos información y datos para nuestra vida y profesión diarias.

Quizá la analogía entre la infinita memoria de Ireneo Funes y la casi infinita información que pone Google a nuestra disposición diariamente no sea del todo exacta, pero de todas maneras tampoco creo que sea inexacta (“pensar es olvidar las diferencias, es generalizar, abstraer”) . En el cuento de Borges, la fantástica memoria de Funes no está planteada tanto como un don, sino como una maldición, una condena (Borges muchas veces sufría de insomnio, quizás su cuento sea una metáfora de ello); Funes se veía abrumado, superado por sus recuerdos, no podía pensar, no podía abstraer; estaba condenado a ahogarse en un mar de recuerdos y datos que jamás (ni aún durante el sueño), dejaban que su mente tuviera espacio para pensar y para descansar.

Hoy día, de acuerdo a mi analogía, creo nos pasa algo similar: tenemos tanta información a nuestra disposición que muchas veces nos paralizamos, nos ahogamos en ese océano de datos e información que tenemos a un click de distancia y no nos damos tiempo para pensar, para analizar, para abstraer, para suspender las miles (millones) de diferencias que hay entre las cosas y poder generalizar, sacar conclusiones y tomar decisiones. Google es la pesadilla borgeana de la memoria infinita y nosotros, los Ireneo Funes.

La buena noticia es que eso (al menos por ahora) está separado: Google es Google y nosotros somos nosotros. Google y todas las fuentes de información que hoy tenemos a nuestro alcance, son una herramienta poderosísima que hay que saber utilizar. Como toda herramienta, no es ni buena ni mala, depende del uso que le demos; es un medio, no un fin; un medio para poder acceder a la cantidad de información que ninguno de nuestros antepasados en la historia de la humanidad soñó tener jamás.

Pero, ¿qué hacemos con esa información? ¿Cómo le sacamos el mejor provecho? ¿Cómo convertimos toda esa información en conocimiento, en ideas y conclusiones que nos permitan tomar decisiones? Esa ya es nuestra responsabilidad: para eso Dios nos dio la cabeza (aunque en algunos casos quede la duda si fue para pensar o para llevar un buen peinado).

Preguntas inquietantes

Esto abre también otros temas muy interesantes y profundos que exceden el alcance de este post, pero que en algún momento trataré, como por ejemplo: ¿qué tanto esta cultura de la información casi infinita y al instante está afectando nuestra capacidad de análisis y razonamiento?, ¿por qué nos resulta cada vez más difícil concentrarnos en la lectura de un libro o de un análisis a profundidad y preferimos consumir información de a pedacitos?, ¿estamos entrando en una era donde el “snack” de la información rápida le está ganando la carrera a la “comida completa” del conocimiento?, como mencioné en un post anterior que escribí titulado Paradojas de la era digital, ¿estamos asistiendo a la paradoja de que el exceso de información en lugar de iluminarnos y esclarecernos, nos confunde y atonta?, ¿cómo nos afectará a futuro el avance de la Inteligencia Artificial, con la cual, hoy día, aplicaciones como Siri, Google Now y Cortana ya se pueden anticipar a las cosas que queremos y deseamos?

Sin duda, son todas preguntas inquietantes y de difícil respuesta hoy día, pero a las que creo debemos prestar toda nuestra atención.

SUSCRÍBETE A LA REVISTA IMPRESA A UN PRECIO ESPECIAL